Chicas: porqué los “culiados” son los peores hombres

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Luego de la nota del Dr. Bomur (click acá para leerla) y ya que terminó con final abierto a modo de pregunta,  me dispongo a ofrecer una respuesta que incluye algunas razones por las que pueden llegar a gustar los culiados y algunas reflexiones que vienen al caso.

Me propongo ofrecer mi análisis y mi perspectiva con conocimiento de causa. Antes de que me empiecen a tildar de resentida o de que me hago la superada les digo, por lo primero, que por supuesto algo de eso puede haber porque obviamente no tengo muy buenas opiniones de estos individuos. Y por lo segundo les digo que me hago cargo de  mis decisiones y de las situaciones en las que me metí. Tal vez algo de esto sirva como consejo o ayuda  para mujeres y hombres, culiados y no tanto.

Empecemos por la dicotomía Buen chico – Tremenda basura. No es tan drástico. Todos tenemos un poco de todo en diferentes proporciones. No hay blanco y negro, todos somos algún tipo de gris. Trato de no generalizar. Pero coincido en que, en algunos casos, ciertas inclinaciones, los impulsos dañinos de la culiadez, se manifiestan más. Sigamos con lo de Bueno = Nabo aburrido. Personalmente, no me gustan los esquemas ni la inercia, y tiendo a que me gusten las personas que coinciden en eso. Ser buena persona no tiene por qué ser sinónimo de estructuras rígidas. Lo mismo va para Divertido = Culiado. Una cosa es ser libre y querer pasarla bien, y otra cosa es atribuirse permanentemente el derecho de tratar a los demás como si no valieran (en sus narices o a sus espaldas) porque el fin “soyrelocorebeldequebienquelapasoquevivoquesoy” justifica el medio “mepasolosderechosyladignidaddelosdemasporelculo”.

Ahora hablemos del encanto de los culiados. Porque lo tienen. El culiado es en general carismático por definición y eso atrae. Ofrece aventura y pasión. Un chico más “bonachón” o tímido, aunque sea una gran persona y hasta divertido, no llama la atención  tan inmediatamente y por eso es muy común que (aparentemente) le ganen.

El culiado conoce sus fuertes, tiene cierta fachada de confianza en sí mismo que también es un punto a su favor al momento del levante. Si hurgas un poco más en el comportamiento de este espécimen,  probablemente te des cuenta de que su culiadez no se limita a las relaciones con las mujeres. Posiblemente sea ventajero o garca en general. Como bien dijo Bomur, muchas veces son viciosos, sin metas y vividores. Sin muchas responsabilidades. Por eso es que se dedican solo a la parte divertida de la vida, y te ofrecen hacerte parte de esto por un tiempo. ¿Cuánto tiempo? Depende de lo rápida que seas para advertir señales, o de tu nivel de paciencia, o de lo mucho o poco que te importe. Lamentablemente, hay mujeres a las que sí les importa pero que no se dan cuenta ni siquiera cuando la cornamenta ya está abriendo un orificio propio en la capa de ozono.

La que subscribe ha elegido a algún culiado alguna vez. No digo “caído en las garras de” porque, digan lo que digan, por más atractiva que sea una persona, es tu elección. Sí. A mí me pasó estar con un culiado atómico. Sobreviví sin muchos machucones. Quise pasarla bien, y pasó. Sí, son muy hábiles, seductores y excitantes, pero la verdad es que también son predecibles e insoportables. Es verdad que muchas veces sabemos en lo que nos estamos metiendo y no somos simples pobres víctimas de un irresistible hijo de meretriz. Las alarmas anticuliado internas son muy efectivas. Si igual querés probar qué se siente, hacé un trato con vos misma y no dejes que te lastime los sentimientos o el orgullo.  Es natural que después de algún tiempo con el culiado se desarrolle cierto cariño. Pero hay que mantenerse alerta, y recordar que por más que lo quieras y la pases bien, te querés más a vos misma (si no es así, busca ayuda).

Un culiado es tal vez una de esas cosas que uno sabe que hacen mal pero una se dice “qué mal puede hacer una probadita”. El famoso atractivo de lo peligroso o prohibido. De ahí a que te guste y te hagas adicta a un chanta, ese ya es un problema más de fondo. La culpa no es del chancho sino del que le da de comer. Si le dejás pasar una, no te quejes. Para algunas el atractivo va junto con la porfiada e infructuosa fantasía de ser la que al fin logre la metamorfosis que lo convierta en santo.

En mi caso lo fleté rápido. Una lástima, porque el culiado era buena compañía y dejaba traslucir cierta ternura. No estoy diciendo que pensé que iba a cambiar por mí, porque mientras más años cumplo, más me convenzo de que, para bien o para mal, la gente cambia poco. Y si están orgullosos de lo que ser culiados les ha traído, no van a dejar de serlo. En fin, el culiado era divertido. Pero era un culiado. ¿Me di cuenta de repente?  No. ¿Me desilusioné? No demasiado. ¿Sufrí? Claro. Y la pregunta con la respuesta que tal vez los sorprenda. ¿Sufrió? ¡Sí! El culiado la pasó mal.

El problema (para él) es que en el fondo, muy a su pesar, el culiado ansía que lo quieran de verdad, tener la oportunidad de bajar la guardia y no tener que estar todo el tiempo reflejando la parte de él mismo que “vende”. El problema (para él) es que de tanta conquista descartable, se vuelven descartables también. El problema (para él) es que también les va a tocar querer tener una relación sana y significativa, y desear ser bueno sin fingir. Y nadie le va a creer, porque aunque por una vez en la vida sea fiel y deje salir a flote su parte buena, lleva la marca del garca en la frente tipo Harry Potter. Y es extremadamente difícil confiar en él.

Por eso, culiados, chotos a cuerda, sépanlo: Aunque piensen que son re pistolas, les va a pesar alguna vez. Y por más labia que tengan, por más billetera o facha o lo que sea que tengan o crean tener, no pueden comprar un pasado ni una conciencia, ni el respeto por si misma de una persona que se va a alejar silbando bajito, tal vez vengando el honor de anteriores pelotudas que pensaron que enamorarse no era una elección.

Y vos, chico bueno de perfil más bajo, no te preocupes. No pasás desapercibido, aunque lamentablemente muchas veces haga falta el contraste para apreciar mejor lo que sos. No te rebajes, no quieras ser como ese indeseable al que detestas. Y si un culiado conquistó a la que pensabas que era la mujer de tu vida, creeme, no lo era. Y aunque ella no se dé cuenta, ya ganaste. Porque probablemente sea una mosquita muerta que piensa que lo mejor que le pasó es que este soltero codiciado le diera bola y decidiera sentar cabeza por ella (si, linda, atrevete a soñar). Y vos seguramente encuentres lo que merecés.

Y entonces, ¿Qué se merecen los culiados? Se merecen o quedarse solos o alguna de estas tres opciones: una culiada como ellos, una pelotuda que les dure mucho tiempo, o una pobre infeliz sin autoestima. O sea, que nadie los quiera como realmente son por superficialidad (la culiada) o porque les creen las mentiras (la pelotuda) o porque  alguien necesita a algún “peor es nada” al lado para sentirse bien (la pobre infeliz).

A vos, que estás considerando involucrarte con un culiado, sabé de antemano que lo más probable es que lo recuerdes como un error. Tal vez uno de tus errores favoritos, pero error al fin. Cuidate. Si te toca uno que te asegura que cambió por vos, genial. Y si te toca uno que te asegura que cambió por vos… fijate…

Parafraseando a Nietzsche, las consecuencias de nuestros actos nos alcanzan sin que les importe que hayamos «mejorado».  A la larga hay justicia aunque no se note a simple vista. A la larga el culiado se va a cansar, y va a ser muy tarde.

Escrito por Nina para la sección:

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