Ciencia meiga, límites entre la ciencia y la magia

El límite entre la ciencia y la magia se va moviendo a medida que pasa el tiempo. Las cosas que hoy nos parecen imposibles y dignas de una mente afiebrada, mañana serán realidad. Así fue desde el comienzo del desarrollo de nuestra civilización y así seguirá siendo.

En el Egipto de los faraones solo unos pocos privilegiados tenían acceso al conocimiento. Es más, la mayoría no sabía leer ni escribir. Simplemente estaba fuera del alcance de su clase social. En medio del desierto, con escasísimas lluvias, la vida de todo el pueblo egipcio dependía de una sola cosa: las crecidas periódicas del río Nilo. Cuando las aguas bajaban a su nivel normal dejaban tras de sí una gran extensión de limo, fértil y apto para los cultivos. El río desbordaba (y todavía lo haría de no ser por la represa de Asuán) cada año entre junio y septiembre. Los astrónomos del faraón lo sabían y eran capaces de calcular el momento del comienzo de la crecida. El pueblo no tenía idea de la posibilidad de predecir el comportamiento del río y, por lo tanto, atribuían la esperada abundancia de agua a que el soberano poseía el «Heka» o poder mágico debido a su condición divina. Lo que para unos era astronomía para la mayoría era magia.

No se apuren a sonreir socarronamente pensando en la ignorancia de los egipcios promedio. Hoy en día infinidad de charlatanes tratan de engañarnos (y lo logran en muchas ocasiones) con la parapsicología, las medicinas alternativas, las videncias, la astrología y otras mentiras grandes como un elefante. Quiero dejar claro que mi punto de vista es que si a alguna persona le sirve alguna de las mencionadas mentiras para sentirse mejor, bienvenido sea. Lo que realmente me molesta es que se juegue con la desesperación de la gente (y se le robe descaradamente el dinero). El «efecto placebo» se conoce y se estudia en medicina y psicología hace tiempo. En pocas palabras, si el paciente se quiere curar lo hará más rápidamente que si se deprime y se sienta a esperar la muerte. Para esto ayudan no solo las pildoritas de azúcar que se utilizan en los experimentos, sino que hay métodos muchísimo más interesantes para hacer que un enfermo (aunque sea terminal) pueda mejorar su calidad de vida. No es magia, es el dominio de nuestro cerebro sobre el cuerpo sobre lo cual nos queda mucho por aprender. Los cuidados paliativos son al arma más eficaz contra la frase «ya no queda nada por hacer».

Arthur C. Clarke, famoso escritor de ciencia ficción, escribió tres leyes sobre el avance de la ciencia:

  • Cuando un anciano y distinguido científico afirma que algo es posible, es casi seguro que está en lo correcto. Cuando afirma que algo es imposible, muy probablemente está equivocado.
  • La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá, hacia lo imposible.
  • Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible
    de la magia.
Ciencia y magia
Ciencia y magia
Mariela Ballesta
https://www.facebook.com/marie.enchastrada.3

Como decía al principio, la línea magia-ciencia se va corriendo un poco cada día. Cada avance científico, luego aplicado a la tecnología, nos acerca algo más hacia aquellas cosas que hoy nos parecen fantasías. Hace poco más 200 años volar era una fantasía y si alguien aseguraba que podía hacerlo lo hubieran tratado de brujo o loco (y de paso lo hubieran quemado vivo).

Unos 100 años atrás nadie podía pensar que fuera posible transmitir una imagen a distancia y verla como si estuviéramos en el lugar. En 1946 el mundo conoció la computadora ENIAC, que ocupaba una habitación entera y utilizaba más de 17 mil válvulas. Cualquier teléfono celular actual tiene el tamaño de una sola de esas válvulas y es millones de veces más rápido que la «supercomputadora». En 1983 la World Wide Web se mostraba al público por primera vez en el laboratorio CERN, hoy es una herramienta indispensable para la comunicación humana (aunque a veces nos aísle más de lo que nos comunica). Hace 10 años los celulares servían «solo» para hablar y enviar mensajes; hoy son pequeñas computadoras, cámaras de fotos y video y sistemas de audio portátiles.

ENIAC
ENIAC

Quizás hayamos cambiado un tipo de magia por otra. Hoy adoramos a la tecnología como nuestros antepasados lo hacían con la Naturaleza. Seguimos temiendo lo que no entendemos y la verdad es que cada vez nos cuesta más entender como funcionan las cosas que nos rodean. Las usamos, las amamos u odiamos según nuestro humor del día, les atribuímos personalidad y hasta las usamos como excusa de nuestra ineficiencia («se nos cayó el sistema…»).

Lo cierto es que los científicos parecen ser los nuevos magos, a quienes se les atribuye el poder absoluto, rodeados de misterio y muchas veces vistos como conspiradores que ocultan la verdad de lo que investigan. Nada más alejado de la realidad. Somos personas con alegrías y tristezas, miedos y esperanzas, ambición y solidaridad. Nunca las generalizaciones son buenas y la ciencia no es la excepción.

A título personal creo que el progreso de la humanidad no debe detenerse. Por mucho miedo que nos dé tenemos que seguir caminando hacia adelante. Ojalá nuestra inteligencia como especie sea suficiente como para salvarnos de la autodestrucción, de la cual ya somos capaces mediante todo tipo de catástrofes. Sería muy bueno que nuestro avance tecnológico fuera de la mano de un desarrollo intelectual que no nos convierta en un montón de monos con navajas láser.

(*) El título de esta nota es un homenaje a mis abuelos Amparo y José.

Beisinhos

El Profe