Como actuar frente a caprichosos, mantenidos y más

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Ésta es mi primer nota en el Mendo y quise tratar un tema que me jode mucho: Los pendejos malcriados y los boludones que todavía viven con los padres. Para adentrarnos un poco en el tema vamos a analizar situaciones y frases típicas entre padres e hijos y por ende lo que yo les contestaría.

Situación: la mamá y su hijo de tres años van a comprar al almacén.

-Hijo: ¡¡mami, mami comprame ese alfajor y ese chicle y aquel chupetín y aquel chocolate!!

-Madre: no hijo, la mami trajo la plata justa, sí me sobra algo te compro gomitas…

– Hijo: ¡no quiero gomitas! ¡Yo quiero el chocolate! ¡Compramelo! ¡¡Dale dale dale!!

-Madre: no puedo, no tengo plata no grit…

– ¡BUUUUAAAAAAAAAA! ¡¡YO QUIERO EL CHOCOLATE!!! (Obviamente a los gritos y derramado en el piso llorando)

Resultado: para que se quede callado, le compras el chocolate y todo lo que te pida, y esa noche no hay cena en casa.

Yo: ¡noooooo señora! yo lo cazo de una oreja y lo levanto del piso, y así de la oreja lo llegar o en puntas de pie para afuera. Le doy un chirlo en el poto y encima no le compró nada. Sí no todas las veces te va a hacer exactamente lo mismo.

Situación: cumple un año tú hijo menor y el mayor anda con cara de culo, sin querer saludar a nadie y encima te desordena a propósito.

-Hijo: ¡claro a él todos le traen regalos y a mí no!

-Mamá: bueno, es que es su cumple, cuando sea el tuyo te van a traer a vos.

-Hijo: ¡No! ¡¡yo quiero mis regalos ahora!! ¡ya ya ya yaaaaaa! ¡buuaaaaa!!

Resultado: tú marido tiene que salir como boludo a comprarle el camioncito de 80 mangos que vio el día anterior. El niñito es un plomo y la gente intenta excusas para irse. En fin, la fiesta un desastre…

Yo: le dejo un rato el bebé a mi marido, lo tomo por el brazo al mayor y me lo llevo a la pieza y le digo “Te quedas acá, y cuando se te pase la tontera salís bien calmadito y te sentás al lado de tú hermanito a disfrutar el cumple. Y como te volvas a portar así te traigo de vuelta a la pieza“. Fin del problema.

Situación: niño de diez años frente a un plato de zapallitos rellenos.

-Hijo: ¡Puajj! ¡¿Qué es esto?!

-Madre: son zapallitos rellenos con carne y verdurita, come que está rico…

-Hijo: ¡¡guacala!! ¡yo no voy a comer “eso“!

-Padre: ¡dale.! ¡Come eso!

– Hijo: ¡no quiero! ¡Yo quiero milanesa con puré!

– Madre: pero no hay eso, sí querés, mañana te compro…

– Hijo: ¡No! ¡yo quiero comerlo ahora! ¡¡anda a comprarlo o no como!!

Resultado: el almuerzo familiar se fue al carajo, porque vos tenés que salir corriendo a comprarle las milanesas y llegar y ponerte a cocinar otra vez, tú marido come sólo y con cara de orto. Discusión segura a la tarde.

Yo: perfecto, no comas, pero que no te agarre a la siesta asaltando la heladera. ¡Ah! Y de media tarde tenés los mismos zapallitos, y como no te los comas a la noche otra vez lo mismo hasta que te lo comas. Listo, problema resuelto.

Situación: pibe de entre 15 y 19 años quiere plata para salir a bailar.

-Pibe: viejo dame plata así compro algo allá.

-Padre: no porque sí no, no me alcanza para comprar leña para la estufa.

-Pibe: viste que sos ortiva viejo, como sí vos nunca hubieras salido, ¡dale haceme el aguante!

-Padre: en serio, ya te explique q…

– Pibe: ¡¡uuu loco vos siempre igual! ¡siempre te haces el gil y no me bancas ni $30 de mierda! ¡¡paff!! ( Portazo)

Resultado Núm.1: te maneja la culpa, le dar la plata y te cagas de frío esa noche.

Resultado Núm.2: no le das la plata, y cuando te metes al baño, se te mete en la pieza, te afana los ahorros y se va antes que vos te enteres. Cuando te dar cuenta no le decís nada porque fue “una picardía»

Yo: Primero, sí querés plata, ¡ganatela! Saca a pasear el perro, haceme los mandados, cuida a tus hermanos, ayuda a tú padre a cortar el pasto, ordena tú pieza, en síntesis, ayuda en la casa, y obvio, traeme buenas notas, porque sí no ésta que vas a salir. Segundo, me falta medio peso y donde estés te busco y te traigo de las mechas. Y olvidate de la tele, la play, el celular, el Facebook y los amigos por tiempo indeterminado. De la casa a la escuela y viceversa.

Situación: Boludon de veintipico que todavía vive de arriba y encima exige.

-Hijo: toma vieja, acá están los calzoncillos de la semana. Lavamelos ahora porque no tengo ninguno limpio.

-Madre: bueno hijito, ya te los lavo.

-Hijo: ¡eh loco! ¡¡Quién me agarró los cosas del fútbol!!

-Madre: yo te ordene la pieza y guardé las cosas en el ropero.

-Hijo: ¿Porque no te metes en tus cosas? ¡Ya te dije que no te metas en mi pieza!

-Padre: ¡che vos! Respeta tú madre, y a ver sí te conseguís un laburo y empezas a ayudar acá

– Hijo: ¡Vos viejo cállate la boca! ¡y ya te dije que con mi vida hago lo que quiero! ah, y dame cincuenta mangos que quiero tomar una birra y comprar cigarros.

Resultado: tú vida es una cagada, el “boludon“ sigue de mantenido y para colmo con los años se engancha con otra mantenida y le hace un hijo. Terminas manteniendo a toda la prole ahí en tu casa y tus últimos años de vida son una mierda…

Yo: los calzoncillos antes, durante o después que te bañés te los lavas vos porque no sos manco y yo no tengo porque andar oliéndote los calzoncillos acartonados que tenés. Respecto a la pieza, yo entro donde se me canta, para eso es mi casa y sí no queres que toque tus cosas, ¡las ordenas! Porque la próxima vez que vea este quilombo te tiro todo a la mierda. Y por último y más importante, tanto a mi como a tú padre nos respetas, y sí no te gusta ahí tenes la puerta. Corto y conciso.

Bueno estas son algunas de las situaciones que se nos pueden presentar a diario. Sí estás leyendo esto y sos padre/madre me vas a entender y sí no me entendes, lo siento mucho porque seguramente tú hijo te está pasando por encima. Y sí sos hijo y te sentiste un poquito tocado es porque en algo estas en falta. Ponete un poquito las pilas y agradece que tus viejos se pelan el culo para mantenerte o se lo pelaron para criarte mientras vivías con ellos. Respetalos y querelos, hicieron lo mejor que pudieron con vos, porque ellos tampoco les enseñaron como hacerlo. Sí los tenés cerca, anda y visitalos. Sí los tenés lejos, llamalos, para saber sí están bien y que ellos sepan que no los olvidas. Y sí lamentablemente no los tenés, espero que los hayas valorado en vida, porque después de “ese” momento ya no hay vuelta atrás. Me despido lectores, no sin antes decir: ¡¡viejos sean como sean, yo los amo igual!!

Escrito por Chapita para la sección

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