Cómo ganar un Óscar y no morir en el intento

Febrero es un mes corto, caluroso, y por sobre todo, aburrido; réquete  aburrido. Sea por mérito propio o por la inercia del año anterior, Febrero me invita a pensar que lo más importante siempre ocurre antes o después de Febrero. No hay clases, el congreso continúa cerrado, muchos están de vacaciones o a media jornada por el calor. Hasta hace poco ni si quiera había fútbol. 

Por suerte a alguien se lo ocurrió comenzar a celebrar los Óscar en febrero, y bueno, que les puedo decir, de pan no solo vive el hombre. Más o menos todos tenemos una posición en esta grieta: los que se quejan porque premian cualquier cosa, o que tal peli quedó afuera y sólo ellos la vieron, que muchos actores de tal o cual color, que los Weinstein, que el imperialismo y que no ganó Argentina, y etc. 

Lo mío es más disfrutar del espectáculo que de la premiación en sí. A veces creo que desconfío porque todavía no he ganado nada, ni un premio o un sorteo (excepto una caja de alfajores en quinto de primaria). En todo caso, encuentro a los Óscar como una excusa para anotarme una que otra peli que pasó bajo mi radar, u obligarme a ver las nominadas para jugar apuestas con mi novia o amigos. Muchos piensan igual que yo, y eso se ve reflejado en los interminables memes que se generan con cada nueva entrega, o que los noticieros dediquen más tiempo a los vestidos o chimentos que a los premiados en sí. Pero como en todo carnaval, hay gente que se lo toma demasiado a pecho, gente que cuando discutís de cine te lanza un “pero ganó un Óscar” como si estuviera citando a Aristóteles o a Stephen Hawking.  

Hay argumentos peores, pero este es especialmente molesto. Es por eso que tuve la idea de escribir esta nota, porque la única (o al menos, la mejor) forma de discutir con esa gente es mostrarles lo fácil que es ganar una de esas estatuillas. Bueno, fácil como se dice no es, pero hay una fórmula. Una menos mágica de la que mucho piensan, y casi tan divertida como confesarle a tus sobrinos que Papa Noel no existe. Aclaro que vamos a por el mayor premio, de mejor película, porque se premia tanto al artista como a los productores y así zafamos de la clase obligatoria de narrativa audiovisual. 

Para comenzar, la mejor manera de ganar un Óscar es la más obvia: nacer en Estados Unidos, o al menos irse para allá a laburar. ¿Y eso que tiene que ver con grabar películas? Tranca, que explico: Si bien no hay una norma específica que prohíba la entrada de películas extranjeras, solo se han nominado doce cintas (a mejor peli, recordemos) en casi noventa y dos años, y ninguna de ellas se llevó la estatuilla. En todo caso, es posible ganar un premio a mejor documental o película extranjera (que es su propia categoría para que no se mezclen las etnias), pero como es obvio, nadie recuerda que documental fue premiado el año pasado, y menos aún los nominados de este año en esa categoría.  

Si no tuviste la suerte de nacer en el país con el mejor PBI y la mayor tasa de consumo de antidepresivos, aún podes beneficiarte de la lotería biológica. Si naciste hombre, no solo tenés más chances de ganar, sino también de sumar puntos con una nominación a mejor director. No voy a entrar en discusiones de género o mérito artístico; primero porque esa no es mi lucha, y segundo, porque no tengo nada novedoso que agregar. Pero lo que sí tengo son números: solo trece películas nominadas fueron dirigidas por mujeres, de las cuales solo cinco fueron nominadas como mejor director, y la única que ganó fue Kathryn Bigelow, tanto a mejor peli como también a directora. Te dejó el nombre por si acaso, tampoco es que haya muchos que aprenderse. 

Y así llegamos a la parte más “artística” del camino, si quieres llamarle.  Primero, olvídate de escribir una película de terror o de marcianos, eso no pega. Para la Academia (que voy a  explicar que es y quienes son más adelante) no hay nada mejor que el true story, el ya quemado “basado en hechos reales”, que es de por sí un género bastante yanqui. En una sintonía similar, podes encontrar uno que otro estudio donde se analizan los géneros nominados y premiados, y casi todos coinciden que el más laureado es el drama histórico, luego el romance, la comedia, y muy lejos, las pelis bélicas y las de vaqueros. En comparación, solo una peli de terror gano el óscar; El Silencio de los Inocentes.

Después hay algunos detalles que uno que otro enfermito como yo encontró: que sea protagonizada por un actor cuya actuación generó mucho revuelo, que duré entre dos a tres horas (mientras más larga, mejor), y otros detalles estadísticos. Si la peli transcurre durante el holocausto, date por garantizado que te volvés con una que otra estatuilla…

Ahora entramos en la parte menos bonita. Para siquiera estar nominado, hay que atravesar todo un infierno burocrático de papeles y requisitos. Algunos son obvios, como que la peli tiene que durar más de cuarenta minutos o tiene que tener cual u otro requisito técnico. Pero también está el tan criticado requisito de que la peli tiene que estrenarse por siete días consecutivos en el condado de Los Ángeles, en New york, o en alguno de los festivales permitidos. Esto parece una boludés, pero  cuando te pones a pensar, no hay ciudad o cine que aguante tantas películas. Es por eso que muchas películas extranjeras no son tenidas en cuenta para mejor película; no solo de xenofobia viven los yanquis. Pero además de la competencia, si tu peli no triunfó en su estreno es muy probable que te la retiren de cartelera. Hay cientos de historias de productores que compran todas las entradas y las regalan en la vereda para tener la sala relativamente llena y así llegar a la cantidad de días exigidos.

Y ahora sí, llegamos a la tan mentada Academia. La Academia de artes y ciencias cinematográficas o AMPAS (por sus siglas en ingles), es la encargada de elegir a los ganadores y organizar la celebración. La fundaron en 1927 para limpiarle un poco la cara a Hollywood luego de una serie de escándalos y acusaciones, que iban desde lo pecaminoso hasta lo subversivo. Una de las formas que encontraron para darle más “legitimidad” a la industria, fue entregar unos premios muy monos por la calidad de las cintas. Está de más decir que la estrategia funcionó demasiado bien. 

Lo que distingue a estos premios de otros entregados, es que tanto los nominados como los premiados no son elegidos por la crítica, un jurado o el propio público, sino por los miembros de la academia: actores, directores, guionistas, maquilladores, compositores; más o menos todos los muñecos que participan de una peli. Algunas veces para ser parte te piden que hayas sido nominado anteriormente, pero la mayoría de las veces solo piden que dos miembros te propongan para formar parte. Solo se entra por invitación, lo que ha llevado a situaciones tan extrañas como que ni George Lucas o Woody Allen sean miembros, pero sí Meat Loaf, el gordito de I’d Do Anything for Love…

Ya sabiendo más o menos con quienes nos encontramos, pasemos a la votación en sí. Los miembros se dividen por categoría de expertise (actor, director, etc) y eligen a los nominados de su categoría (con la excepción de mejor peli, que todos pueden elegir). Luego se anuncia públicamente a los ganadores, y los miembros ahora sí pueden votar a todas las categorías, en un sistema que necesitaría una nota más para explicar y tampoco es que nos interese tanto, pero si googleas sistema de votación preferencial, te podes hacer una idea. 

Se cuentan los votos, los resultados se empaquetan y solo se anuncian cuando se abre el sobrecito. Pero lo gordo de la votación no es el cómo, sino el TODO que la rodea. Hay muchas notas que recogen testimonios anónimos de que los miembros no ven todas las pelis nominadas, lo cual es lógico en algún sentido, pero muchas veces ni siquiera lo hacen cuando eligen a sus propios favoritos para la nominación. Hay hasta casos de gente que voto al azar, envió tarde la nómina o hasta voto mal; sí, lo de Moonlight  y La La Land sucede muy seguido tras bambalinas.

Diré lo obvio, pero en Hollywood hay mucho caretaje, fiesta, coctel y sonrisitas. Las productoras lo saben,  y por eso organizan reuniones con los miembros de la academia para recordarles amigablemente que su peli existe, y de paso aprovechan para deleitarlos presentándoles  a los actores, o incluso le pagan a Elton John par que toque un poquito durante la fiestita. También envían merchandasing, boletos de cine o hasta el DVD de la peli; que si alguna vez descargaste en pirata, seguro te apareció al final la frase For your consideration (para su consideración). Tan importante como el director es elegir un buen agente de Óscar (sí, esa profesión existe) o poner una moneda importante para tener una campaña de publicidad. Con algo así joden en la peli Tropic Thunder (Una guerra de película acá) o en la segunda temporada de Bojack Horseman.

Todo esto llevó a la producción de pelis de mediano presupuesto, con grandes actores, pero cuyas pelis nadie ve porque las estrenan casi a final de año, teniendo en cuenta que los miembros no tienen mucha memoria y suelen votar lo que recuerden con más frescura. Si te preguntas porque acá estrenaron Parasite en Enero y en EEUU en Octubre, esa es más o menos la razón.  Es una estrategia que funciona, y en esto los Weistein eran muy buenos, además de acosar mujeres. 

Un datito más antes de terminar: del total de miembros (‎‎casi siete mil en 2017) el setenta por ciento son hombres,  más del noventa son blancos, y solo el quince por ciento de sus miembros tiene menos de cincuenta años; el promedio de edad, es de unos  sesenta y dos años. De nuevo, se te arma una dinámica de grupo donde los gustos se homogeneizan hasta el infinito. Es casi como pedirle a tu abuelo que elija a donde ir a pasar las vacaciones: podes terminar en las termas de Río Hondo, en pleno diciembre, comiendo helado de menta granizado sin TAC. Esto se agrava si tenemos en cuenta que la gran mayoría de sus miembros son actores, por lo que es más fácil entender porque una peli sobre un tipo que tiene que dar la actuación de su vida termine nominada y casi siempre ganando.

Podría seguir analizando o filosofando sobre las implicancias artísticas o comerciales de un cine así, donde las grandes producciones son solo para superhéroes y las medianas para un cine que casi nadie ve, y que solo busca ganar prestigio en los premios. Pero creo que, al igual que sucede con la pareja, mientras uno se entera más sobre los trapitos sucios de la otra persona, uno le agarra más cariño. Se sentirá más real, que se yo. A mí me gustan los Óscar, o por lo menos me entretienen. No creo que esta nota te haga mejor persona o te vuelva más sabio, pero al menos te entretuvo un rato, y nunca está de más saberse un datito para algún asado. 

Buen domingo, y que The Irshman y Adam Driver ganen algo.

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