¿De dónde vienen los personajes de los dibujitos?

Cuando chico solía maravillarme ante estas increíbles creaciones. Pasaba horas y horas delante del aparato de TV riendo a carcajadas como loco. Era un disfrute enloquecedor de alegría y felicidad. Agradables recuerdos de la niñez…

Si bien nunca dejaron de encantarme los dibujitos animados, ya de más grande, me empezaron a surgir muchos interrogantes, entre ellos: ¿de dónde sacaban la inspiración esos genios para crear personajes que trascienden a las épocas y divertir a niños y grandes por igual?

Ensaye algunas respuestas: imaginé sesiones de creativos en torno a mesas redondas, el uso de tormentas de ideas, entrevistas a niños para crear perfiles, etc., hasta que dí con un indicio que me sorprendió.  Mendoza otrora, era un exclusivo destino de vacaciones de gringos y europeos. ¡Y lo que es realmente apabullante es haber descubierto que desde esta provincia surgieron las musas para una multitud de personajes animados!

Como el renombrado historiador mendocino que soy, a continuación procedo a compartir los resultados de mi investigación con ustedes.

Remontémonos algunas décadas atrás. Cierta noche en una tanguería bailable de las cercanías,  un compadrito estaba con un grupo de señoritas. El tipo muy educado y de finos modales las hacía reír y las divertía. Cuando una copa estaba vacía, él inmediatamente las llenaba. Cuando una dama quería ir al baño, el se levantaba, corría la silla y la acompañaba del brazo y como esto fuera poco pagó la cuenta. ¿Saben a quién me refiero?  ¡Pues al “Caballero de la noche”! Bob Kane que estaba en pedo pero no era ningún boludo, lo advirtió de inmediato. Después le agregó lo del murciélago y todo eso para hacerlo mas cheto.

En otra ocasión por la misma época, había una meretriz que se había hecho famosa por andar siempre con un atuendo rosado, aparte de que trabajaba de putero en putero. Esta chica fue fichada por Friz Freleng quien pagó gustoso sus servicios. ¿Saben a quién me refiero…?  Por supuesto que a “La petera rosa”! Tiempo después le cambio el nombre a “pantera” a pedido de su esposa.

En el año de la primera participación del Tomba en un metropolitano, había dos hermanos llamados Pedro y Pablo Soto, los cuales acostumbraban a andar de permanente pantalones cortos. Cuando se les preguntaba porque andaban siempre de cortos, alegaban que les era cómodo para mear porque la sacaban por el coté y así meaban en cualquier lado. Pero la sorpresa no era por donde la sacaban sino que los hermanos pelaban terribles termos. Este hecho fue percibido por Hanna y Barbera quienes en un partido del Club los vieron mear en la popular y así decidieron crear “Los PijaPiedras”. Desde la Metro Goldwyn Mayer les solicitaron el cambio de nombre de la serie por considerarlo inapropiado para niños.

Allá por la misma época, en la soledad de la montaña, más concretamente en Potrerillos, vivía un hombre de gran porte y de modos antisociales. Un ermitaño de costumbres ascéticas.  Los chismes de los lugareños contaban que años atrás trabajaba de patovica en algún cabaret debido a su gran porte y que había tenido un mal de amores. Ahora este gigantón bonachón, se dedicaba a las milenarias prácticas de la meditación y el yoga. Fue entonces que Hanna y Barbera descubrieron al “Oso Yogui”. Los estudios esta vez les permitieron dejar el nombre tal como está.

En las mismas vacaciones estos imaginativos e inquietos creadores, pagaron un tour por La Paz. Paseaban tranquilamente por la  plaza barrial cuando dieron con un tipo tan feo el hijo de puta, pero tan feo que Marilyn Manson parecía George Cluni al lado de èl.

Juan era su nombre, Juancito para el pueblo. De ahí nació “El Bagarto Juancho”. Esta vez los estudios sí les pidieron por favor si podían cambiarle el nombre.

Otro que supo andar vacacionando por estos pagos fue un tal Walt Disney. Era un cajetilla que le gustaban la milonga y las minusas tanto como el asado.

Un domingo por el valle de Lujan estaba Walter con unos amigos compartiendo obviamente un asado. El parrillero era un peón de la viña que con entusiasmo había aceptado la labor de cocinero para los “gringos”, como los llamaba él.

Después de la comida, y ya entrados todos en copas, los comensales empezaron a molestar al peón con que el asado le había salido arrebatado y las costillas negras. Estos impertinentes, avanzada la tarde aun seguían cargando y molestando al pobre muchacho.

El peoncito, que era muy tímido, se defendía diciéndoles: “muchachos no me joroben, no me joroben…”. Pues desde ahí nació “El jorobado de Notre Dame”. Que originalmente fue “El jorobado de Lujan”. Disney cambió el nombre porque el choto decía que así quedaba más careta.

 

Una leyenda urbana cuenta que en las calles de Las Heras un grupo de cuatro morochos amigos acostumbraban a juntarse en una plaza local a escabiar. Su particularidad era que siempre tenían frio y andaban de camperita de lana. Janice Burgess, que había venido a la casa de un primo, vió a los morochones abrigados y dio origen a “Los Black-Cardigans”. Después lo aggiornó a su idioma la culiá.

En el cerro de la gloria, todos los jueves, subía en bicicleta una parejita. Ambos eran “amigas” de la vida. Y digo “amigas” porque él era un apuesto y solidario gay y ella una mina gaucha y de fierro. La fémina se llamaba Mónica; y a él lo llamaban simplemente “Topu”. Un gerente de un canal que andaba por ahí los descubrió y los llamo “Topu y Moni”. Desde ese momento nacieron los Mundialmente famosos “Topu y Moni” que luego se transformaron en “Topa y Muni” por considerar ofensivo decirle “topu” al puto. El gerente descubridor se suicidó tiempo después a causa de la culpa.

Y así es mis amigos lectores… estas son algunas de las historias filtradas por los grandes estudios de animación y otras descubiertas por mi equipo de investigadores. Tal vez la próxima semana los sorprenda con algunos hallazgos más. Hasta pronto.

N. de la R: Valga este humilde homenaje a estos grosos: Wlliam Hanna, Joseph Barbera, Bob Kane, Friz Freleng, Walter Disney y los demás.

 

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