De por qué me rompe los huevos Facebook

Luego de pasar horas y horas sin dormir, almuerzos y almuerzos sin comer, duchas y duchas sin pajear, logré decidir sobre qué tema escribir para demostrarle a un conocido que no es amigo, que realmente soy superior a él y a cualquier simple mortal, que soy lo que el 80% de la población mundial espera: “El Mesías”, “El enviado”, “el mensajero”, “el asesino de José María Listoriti”, “El verdadero amor de Julieta Navarro”…

Opté entonces por plasmar las ganas que tengo de gastar miles de dólares en armamento nuclear para deshacerme de quien me hace pensar que el mundo se fue al carajo. Juro que alguna vez me vengaré de aquellos usuarios de Facebook que me hacen poner idiota con sus formas de utilizarlo. Y algo que no puedo negar es que hoy, quien no tiene un perfil, es un paria al que todos miran como si fuese un sociópata.

El mundo del Facebook se divide en dos grandes grupos:

El primero es el grupo de individuos al que les parece antinatural y pelotudo enterarse que alguien a quien no ve hace 8 años, sea miembro de «Yo también tengo el vicio de rascarme el culo y olerme la uña», o que un compañero de la primaria averiguó que si fuese una empanada, sería una de humita.

En el segundo grupo, se encuentran los galanes de Internet, las cuarentonas solteras, y las personas que no tienen una vida ni nada que hacer.

Yo pertenezco al primer grupo, y como es de esperar, siento un desprecio escandaloso por cualquiera que pertenezca al segundo.

¿Qué clase de clase de ganso siniestro piensa que enviar una invitación de mate en Facebook es una buena idea? ¿Que variedad de parásito de oficina estatal juega a «guerra de pandillas»? ¿Qué tipo de retardada se hace fan de «Soy re puta y no me importa. Aguante el boliche y el topi?.

En estos días, el idiota más de moda es el creador de grupos. Utilizar la inteligencia sobre la fuerza bruta, es lo que separa a los seres humanos de los primates y de los recepcionistas de hotel. Entonces, no es descabellado interpretar que alguien que cree que juntando 1.000.000 de tarados va a lograr que EE.UU. se retire de Irak, tiene un racimo de soretes en la cabeza (EE.UU. no retira las tropas porque recién son 844.000 miembros).

Otro personaje que me genera un tsunami de violencia, es el etiquetador. Este pobre infeliz etiqueta a todos sus contactos, para que estos mediante el engaño, lleguen a sus publicaciones. Gracias a este método paupérrimo y patético, uno queda asociado involuntariamente a una postal que dice: «Dime cual es mi mejor cualidad», al recital de una banda mugrienta, a un poema grasoso, o a una foto de primito recién nacido del cuñado de un vecino.

¿Cuantos golpes hay que darse en la cabeza de chiquito para pensar que esto es normal?

Uno menos nocivo, pero igual de exasperante, es el que cree que al igual que él, todos viven pendientes del Facebook, y se asombra con el hecho de que te hayas ido de vacaciones a Brasil y no hayas subido fotos, que no te hayas enterado que tu ex novia de hace 11 años cambió su situación sentimental a «me comería una chota ya mismo», o que no hayas revisado las 1893 fotos de su última fiesta de disfraces.

Sin embargo, hay un espécimen que directamente me produce ganas de volarme la tapa de los huevos de un corchazo: El galán. Este imbécil carente de personalidad y carisma, es un perdedor patológico que en su puta vida tocó una teta sin tener que abonar por ello. Sucede que un buen día, este personaje descubre Facebook. El lugar está lleno de treintañeras solteras y desesperadas, y cualquiera puede hacerse el seductor sin tener que dar la cara para ello. Entonces se produce el milagro de la metamorfosis, pero a la inversa: muere una frágil mariposa y nace un gusano.

El bobo en cuestión se desvive intentando convencer a todos de que Facebook cambió su vida, que ahora levanta mujeres en pala, que las minas ponen toda la información necesaria en su perfil, que ahora es más fácil, que están todas regaladas, que ya se entubó a varias docenas de gatos de Playboy. Por supuesto, la mentira se desmorona cuando uno finalmente conoce a una de sus «presas» y descubre que es el eslabón perdido entre un ser humano y un Tamagotchi.

En realidad, hay una explicación mucho más primitiva para explicar el por qué de la existencia de estos tarados:

La tienen chiquitita

Sí, como leen. La tienen chiquita y ni siquiera tienen la decencia de ser millonarios. A ver si nos entendemos, si la tenés chiquita, lo mínimo que tenés que hacer es comprarte una de esas 4×4 que consumen un barril de petróleo por kilómetro, y pasear por todos lados con la música a niveles que desafíen las leyes de la física.

En los años 90′ los pobres tipos que no podían acceder a estos vehículos se compraban televisores gigantes, en el año 2000 adoptaban como mascota dos o tres Rottweillers asesinos. Hoy se abren una cuenta en Facebook.

Si la tenés diminuta y sos pobre, tenés que tener la decencia de hacerte puto o matarte, y no joder al prójimo ni en Facebook ni en ningún lado. Es así.

Ustedes se preguntarán porque aún conservo mi perfil en Facebook, y la respuesta en sencilla: Hay un reducido grupo de personas que sí me interesa.

Facebook es un espejo de la vida real, en donde hay un pequeño grupo de amigos y familiares que realmente te importan, un puñado aún más reducido de gente interesante perdida por ahí, y una tonelada de pelotudos (potenciados, gracias al anonimato) que sólo sirve para hacerme enojar.

En fin, me fui por las ramas. Lo que les quería avisar, es que al próximo que me etiquete en una foto haciendo el ridículo, lo mato a chancletazos con mis propias manos.

Un saludo para mi mamá que me está mirando.

ROBADO por Campari Ledesma de la página: http://exijoquealguienhagaalgo.blogspot.com.ar/2010/03/se-los-advierto.html

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