El engaño (respuesta a la encuesta sobre la infidelidad)

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El otro día, el Dr. Bomur hizo una nota sobre la infidelidad (click acá para leerla), en donde casi el 60% de las gente decía ser “de convicciones firmes”, o sea “personas que piensan que nadie los obliga a estar en pareja, por ese motivo, en el preciso momento que sienten las ganas o la necesidad de ser infieles, abandonan a sus parejas, siendo francos y claros. No engañan ni buscan la oportunidad de hacerlo (incluso las evitan), si se da, no avanzan hasta estar en la postura que los mantenga tranquilos para hacerlo, o sea, solos”, según las palabras de Bomur.

Yo soy casado y soy infiel. Siempre fui infiel, a todas mis parejas. Pienso que la fidelidad es algo imposible de sostener. Quién no haya vivenciado la aventura de engañar no puede hablar. La infidelidad es esa hermosa sensación de plenitud que causa el cortejo, la aventura, el desconcierto de una nueva relación. La majestuosidad de una batalla entre dos cuerpos, la felicidad de la victoria, la inmensa satisfacción de llegar a la mínima expresión del amor, pero a la máxima expresión de la sensualidad.

Son sensaciones que no se pueden ni se deben dejar de sentir durante toda la vida. Y ¿cómo no caer en el engaño, en la trampa, en la mentira? Como ser fiel con otra persona y mentirse a uno mismo, censurarse o resignarse a olvidar esos sentimientos pasajeros pero alucinantes. ¿Cómo continuar con una línea, una rectitud, una moral continua, rutinaria, similar y dejar de lado el placer de lo casual?

Muchas veces he tratado de contenerme y me he aguantado no caer en la infidelidad, pero de las veces que me he tentado y me he dejado llevar no me arrepiento en lo más mínimo. La felicidad que me causan los besos ajenos, las caricias prohibidas, el halo pecaminoso que se genera entre dos personas, la complicidad, los latidos del corazón y el sentir en la piel de dos cuerpos mecidos al ritmo del sexo con deseo, con calor, con pasión, es algo que uno no puede dejar de experimentar. Es plenitud, es vida, es aire y libertad.

¿Hasta que punto es malo, hasta que punto es inmoral, hasta que punto es pecado la maravillosa vorágine de sensaciones y sentimientos que conllevan al engaño? ¿Hasta que punto lo permitiría, lo aceptaría y lo dejaría ser? Culpa de la sociedad que nos limita, es que la palabra “infidelidad” y “engaño” se asocian también a cuestiones del amor, cuando no debería ser así. Esa sensación de armonía, de felicidad, de alegría, es amor visto desde otro punto. ¿Como no llamar amor a algo tan grande, tan placentero? ¿Que es sino es amor? ¿Cuan comparable es con una traición a la familia, un engaño a si mismo o una infidelidad a la amistad?

No pueden caber en el mismo “saco” estas definiciones, porque traicionar, engañar y ser infiel no debería causar tanta alegría, tanta paz interior, tanto placer.

¿Porque engañamos? ¿Y porque no? ¿Porque nos prohibirnos de esa inmensa satisfacción, el amor en esos momentos, el sudor nervioso y agitado, la sal, el sabor de esos besos dulces y voraces?

Debe ser acaso que lo prohibido siempre tiende a tentar al ser humano o que quizás la moral y la ética son erróneas.

Esto va más allá de una mujer, una esposa, un amor. Va más allá de dar la vida por otro persona, esto es personal, es egoísta, es propio. Es pensar a veces en uno y no siempre en los demás.

Lo expresa a la perfección Sabina en su canción “Y sin embargo”… De sobra sabes que eres la primera, que no miento si juro que daría por ti la vida entera, por ti la vida entera. Y sin embargo un rato cada día, ya ves, te engañaría con cualquiera, te cambiaría por cualquiera

Los dejo con el video completo para reflexionar… ¿vos que pensas ahora?

Escrito por Mustafá para la sección:

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