El mendocino y el Cine ¿cómo se vive el cine acá?

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¡Ya era hora! Me veo obligado a escribir una columna sobre este tema específico. Es que el mendocino vive la experiencia del cine desde otro punto de vista. Los mendocinos somos una especie aparte. Somos de vivir las experiencias que vive todo el mundo, de una forma específica; y por ende el cine, no será una excepción.

En nuestra provincia contamos con varios complejos cinematográficos y variadas formas de disfrutar el cine. Por eso voy a tratar de diferenciarlos.

Hoy sólo me voy a centrar en los monstruos: Village (o “El vilash”) y Cinemark (o “el sinemar”).

Desde que llegás al complejo todo va mal. Vamos a viajar con la imaginación y a situarnos un sábado a la noche. El cine desborda gente por todos lados. Cola para la boletería, cola para la entrada, cola para comprar pochoclos (o si sos más top  “popcorn”). La peli es a las 10. Vos llegaste a las 9:45 porque sos un mendocino vivo, obvio. Te comiste 5 minutos en la boletería, y sólo te restan 10 para que el film empiece. Una vez que adquiriste tu entrada, te vas a hacer la cola para comprar los alimentos más caros de la historia. Ahí es cuando consumiste otros de tus 10 minutos. Salís rápido tirando pochoclos al piso y coca cola sobre tu ropa. Llegás a la cola de entrada y te comés cinco minutos más. Cuando entraste a la sala, ya está todo apagado, los trailers van por la mitad, tenés 100 gramos menos de pochoclos y medio litro de coca cola en el pantalón. Pero eso no es nada, lo mejor está por venir.


Si estas en Village, de seguro que una parejita de lasherindios ya se sentó en la butaca que tan amablemente el complejo te enumero para que NADIE te ocupara. Con las manos abarrotadas de comida chatarra, le pedís a la parejita que se mueva, haciendo correr a toda la fila de izquierda a derecha, parándose en la mitad de la exhibición. Te comés una guerra de puteadas. Pasás un momento incomodo…un momento que recién empieza.

Ahora, si estas en Cinemark, se aplica la ley de la selva. Este complejo todavía no enumera las butacas, por ende, el que llega primero tiene el mejor lugar. Imagináte vos, mendocino piola, que siempre llegas quince minutos después. Te toca adelante, pero adelante adelante. Esa maldita fila A o B, adonde tenés que poner el cuello en modalidad poronga parada: derechito, tieso y sin movimiento cíclico. O te toca a un costado, donde la tortícolis termina siendo el resultado más obvio. En este complejo en particular, he visto gente correr por el mejor lugar ¿Ahora me creen cuando les digo que se aplica la ley de la selva?

Entonces llegáste, te acomodáste y relajáste. Ahí es cuando la debacle comienza. Primero y principal, el unísono de las bocas al moler el pochoclo es relativamente proporcional a un martillo golpeándote, repetida e infinitamente, el forro de las bolas (o el forro de las tetas, según el género). Es que el mendocino es así, el mendocino hace la suya sin mirar al vecino. Tenés al que te come pochoclo en el oído, el que te comenta toda la película, al que se ríe de cualquier pelotudes, el que se ríe a gritos, la mina que grita por cada “CHAN” que salta en el film, el viejo que esta todo la película haciendo “Shhhhhhh”, la vieja que tiene roto el potenciómetro y cada cosa que dice la dice en volumen 1000. Pero hay dos personajes que son totalmente irritables, y por lo tanto merecen un párrafo aparte.

Para arrancar cruzado: La familia numerosa y los críos. El mendocino es orgulloso y no le va a pedir a la suegra que le cuide a los nenes para ir al cine, el mendocino te lleva a los 5 pendejos al complejo. Te los mete de prepo en una de terror o de acción, te los sienta en línea, y él se relaja mirando como todos los demás nos tenemos que fumar los hijos ajenos. ¡Ojo!, esto no es contra de los niños: los niños son niños y siempre lo serán. Pero los pibes van desde los 4 meses hasta los 7 años. Entonces es allí cuando la física habla: por cada efecto que tiene el film, escucharemos 1235 llantos de niños; que es equivalente a sólo 2 puteadas del padre para con los críos; lo que es igual a 342,02 “shhhhh” del viejo puto que siempre hace callar, sumado a 120 risas pelotudas de pre-púberes que se ríen por cualquier chotera. Toda esta fórmula sólo tiene un resultado: tus huevos galopantes inflados de paciencia.


Y la segunda parte molesta corresponde para el celular. El mendocino es transgresor, si ve un cartel que dice “No pise el Pasto”, él organiza un concurso de malambo sobre la hierba. Por ende, si le dicen que apague el teléfono, va a poner el volumen al máximo. Pero esperen, volvamos a la escena: El Cine por fin logró mantenerse en silencio, los pochoclos se acabaron y las gaseosas están vacías. ¡Todo marcha bien! Hasta que “riiiiiiiiing”…..“riiiiiiiiing”. El tipo se pone a buscar el celular por 35 bolsillos, hasta que lo saca. Pero la cúspide de la estupidez está por llegar: no sólo lo deja sonar, sino que atiende y, como todo buen mendocino, grita al hablar:

-QUE HACE CARLITO’, SI ESTOY ACÁ EN EL CINE… ¿QUÉ PASÓ?-

¡Pero me cago en vos, en Carlitos, el viejo puto que va a empezar a los “shhhhh” y en el pendejo de mierda este que no para de llorar!… ¿¿¿ Cómo mierda no me alquile una película y me quedé en bóxer tirado frente a la tv???!!!

Termina la película y el patetismo cobra vida: El mendocino aplaude la película. ¿Áh?…está bien, entendemos que puede ser la mejor película que has visto en tu vida, y estás emocionadísimo…pero no, el mendocino te aplaude desde Casablanca hasta la película de los  Muppets. Les juro que se me viene a la mente la imagen del proyeccionista haciendo reverencia en el pulman…no me puedo explicar otra cosa.

Para terminar este circo pueblerino, el mendocino sale de la sala al pasillo principal y siempre gira para el lado contario de donde está la salida, terminando así contra la sala 10 y con una cara de confusión importante. Pero somos queribles, en el fondo…..muy en el fondo.

Fuente de las imágenes:
El Sol Online
Bebes.net

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El año pasado escribíamos:
Lasherindios

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