Escape

Otra vez sonaba el despertador a las 6:45 am, ella sabía el día que se venía, hizo lo de siempre, pan tostado y café, se preparó y se fue.

Toda su vida era una monotonía regulada por el sistema de una familia conservadora de clase media/alta, ir a la facultad, los domingos a misa, ir al mismo lugar a bailar, encontrarse con la misma gente, intentar hacer una dieta saludable para encajar con el estereotipo y cosas así.

Su vida estaba vacía, aunque ella recibía de todo, necesitaba algo más que la ayudara a liberarse de las presiones de ser si o si una persona exitosa, con todo lo que ello implicaba. No debía haber margen de error.

Cada reunión familiar para ella era una suerte de interrogatorio de la CIA. Sus abuelos y tíos preguntaban sobre su situación sentimental o sobre su recibida mientras que ella agachaba la cabeza e intentaba convencerse que algún día iba a despertarse con el título en la mano para, de una vez, evitar esas preguntas.

Todos los días alguien le hacía algún comentario alusivo a su peso o a su manera de vivir, eran pensamientos que invadían su cabeza antes de dormir, mirando al techo y diciendo que cómo podía ser gorda pesando 61 kg o cómo no le salían las cosas bien cuando ella era perseverante… Aun así, ella quería ser positiva y pensar que eran etapas, que muy pronto mejorarían.

Cuando caminaba por la calle o en la facultad, se sentía un número más, iba sola escuchando la música que le reprochaban siempre por ser “anticuada”, llena de libros y pensamientos.

A todo le sacaba una sonrisa, porque sentía que la mejor forma de enfrentar lo malo era con buena cara, pero últimamente su mirada se tornó fría y vacía, intentaba no hablar con nadie y soñaba con irse lejos… Lejos de una sociedad tan individualista que siempre mira la paja en el ojo ajeno.

Buscaba alejarse de un ambiente tóxico, lleno de críticas y gente careta que con tal de pertenecer a la “elite” eran capaces de vender sus principios. Ella quería ser libre.

Quería romper todos los apuntes de la facultad y leer algo que le diera placer y la transportara a otro lugar, quería romper las cadenas de tantas cosas que la tenían atada, quería comprarse un pasaje e irse a donde nadie la conociera.

O simplemente, quería a alguien que la sacara de su rutina, que le devolviera la mirada brillante y le diera suficientes razones para escaparse un rato de la realidad. Le habían cansado los hombres superficiales que solo buscaban placer en una salida, quería conocer un espíritu crítico, pensante, que embadurnara las charlas con magias literarias, a alguien digno de la admiración de ella y que ese hombre conociera su espíritu y la mirara con ojos de admiración.

Ella quería escaparse, sola o con alguien… pero escapar en fin.

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