Flagelo histórico masculino: ¿el tamaño importa?

Antes que nada, quiero aclarar a los resentidos que me van a putear, que por el sólo hecho de ser mina, tengo la autorización divina para analizar el tema. ¿A vos, campeón, en que te jode tener el pito chico? ¿Te jode para mear o para pegarte una flauteadita? No. En cambio nosotras,  hemos sufrido este flagelo de cerca. Hemos sentido caer nuestras mandíbulas de decepción al ver bajarse un calzoncillo y, a pesar de esto,  la hemos piloteado como George Clooney en The Perfect Storm. Nosotras, sólo nosotras, sabemos la sensación de “vacío interior” (las chicas me entienden) que genera un pene extra small. Tenemos el derecho divino de opinar si el tamaño verdaderamente importa o no,  aunque las conclusiones ya están más que claras. Igual voy a darles las ideas que saqué al elaborar este detallado informe.

Primero que nada, el hombre que verdaderamente tiene el pito chico JAMAS lo va a decir o se va a lamentar de eso, en ningún ámbito de la vida. Es como reconocer delante de tu grupo de amigos que te comés los mocos y que te gustan más los bien duritos. Olvidate. Puede que no tengas la tararira que quisieras, pero si hacés alarde de tu pequeñez peneana, lo que buscás es que alguien te lo niegue o te afirme que la tenés normal (cosa que le decimos hasta al más milimétrico).

Quiero destacar  que el choto de Bomur, ese gato re bala, clavó una nota de las típicas cosas que hacen o que distinguen a los “pito chico”. A ver, hermanas de la vida ¿a cuántas les ha pasado conocer al tipo ideal, bueno, simpático, lindo, que se vista bien, que te moje la tanga con una palabra al oído y al llegar al centro gravitacional de su hermoso cuerpito nos encontremos con que no es lo que esperamos?  A veces lo disimulan como nosotras escondemos el culo fláccido con el jean apretado. Ojito, ojete.

Otro punto a considerar es el tema de la solución del problema de la pitina miniatura. Es como ser gorda o fea, como yo. En el fondo rogás que a nadie le importe, incluso te tratás de autoconvencer de que “no es tan relevante”, pero por dentro sabés que es el nudo neurálgico que te va a impedir relacionarte sanamente con algún otro ser viviente. Y nada tiene que ver con el otro, sino con el enrosque que le da uno al asunto. La diferencia es que la solución a ser lechona pasa por un cinturón gástrico o una cosida de hocico. Pero el pichulín ya no les va a crecer, lamentablemente.

Tercero, típica frase de los enanines de entrepierna  es:  “Lo importante es tener lengua y dedos”. No, chiquito. Lamento decirte que, si bien ayudan en demasía al género esa lengua traviesa y esos dedos rozagantes, a la hora de los bifes, la penetración es RECLAMADA directamente por carta documento mental hacia el susodicho. Es muy bajo el porcentaje de minas heterosexuales que “no necesitan” la penetración en cualquier relación sexual. La pocha te lo exige, se pone golosa, pone cara de orto cuando le caés con dos dedos de mierda. Quiere pito, señores. Tal es su función primigenia y natural, recibirlo con todo el amor del mundo.

Ahora bien, no habiéndoles aclarado una mierda, pero hechas estas consideraciones que no quería dejar pasar, pasemos a las opiniones expertas en el tema:

“¿Vieron que los gordos, muy gordos siempre tienen el pito chico? Debe ser porque la grasita corporal hace que “se pierda” el zodape y por una ilusión óptica (y más tarde de tacto) los encontrás escasos? Esos hijos de puta no tienen derecho a enamorarse” (El hijo del Dr. Cormillot)

 

“No se preocupen chicos, si las minas cuando se enamoran se ponen tan chotas y son capaces de mantener a algunos pelotudos, bancarse el olor a culo y a la suegra, ¿Se piensan que por ser pito chico no van a encontrar la dicha?” (Jorge Bucay, El camino de la Felicidad)

 

“No envidiéis al portador de la Anaconda, el reptil tan abundante molesta y duele  en la cavidad inferior y es imposible de meterlo entero en la superior, provocando frustración en la bella dama” (Carlos Figueroa Rengifo, el Desvirgueitor del Face, creador del Jamoneo Apasionado)

 

“Siempre hay que probar cosas  nuevas, y a mí me gusta bailar de toda música, por lo que yo veo, una vez que te acostumbrás, los penecitos no son tan malos” Ángela Vallejo, 18, Reina de Caucete.

 

“Chicos, lo único que hay que tener en cuenta al elegir al amor de tu vida, es el compañerismo, y nada más” (Victoria Vanucci y Pamela David en su libro en conjunto La importancia del amor sincero)

Bueno, mis amorcitos, recuerden que dentro de cada nota de quien humildemente les habla, hay un profundo sentimiento de amor hacia el marginado social. Los entiendo mis chiquitos. Acá tienen un hombro para llorar y una bomba de vacío que se olvidó mi ex.

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