Gente extraña – Parte 1

Tengo un amigo que me lleva años luz de ventaja en pensamientos, siempre está adelantado, nunca titubea a la hora de hablar. Es de esos amigos serios, que lo conoces de toda la vida, como decirlo… si lo matan a él, automáticamente me muero yo. Nunca está quieto, siempre pensado que hacer, no termina de hacer algo y ya está pensando en lo viene. Una tarde estábamos hablando cuando se quedó callado. Lo miré y me intrigó, tenía la mirada perdida. Era claro que cuando está callado y mira a la nada es porque se le vino a algo a la cabeza. Como lo conozco bien me quede en silencio, esperando una respuesta… luego de unos minutos me dice:

-vamos…

-¿Dónde?

-Te quiero contar algo

No sabía lo que quería pero confiaba en él. Por más que me traiciono tantas veces. Subimos al auto y nos dirijamos a la ciudad, pensé que íbamos a tomar algo pero no, siguió de largo atravesando todas las calles hasta llegar al parque San Martín. Al bajar del auto me miró y comenzó a caminar, caminamos un rato largo. Hasta llegar al medio del parque, donde no circulaba gente, caminó hasta detenerse y mirar hacia unos árboles que se tapaban de tanta vegetación. Parecía una jungla, difícil de entrar sin rasparte o lastimarte por las ramas. No dije una palabra, esperaba que el hablara primero

– ¿ves ese camino?

-Mmm sí creo que sí, de pedo se ve pero lo puedo ver.

– Bueno, te voy a contar algo que jamás le conté a nadie…

– Te dije que pares de imaginar historias que no son, estoy cansado de todo esto.

– ¡No lo imagine, lo vi. Y vos sabes que es así, por favor ¡créeme!

– Sabes que tengo que creerte, no me queda otra.

– Bien, gracias nuevamente y como te digo siempre, esto tan pequeño que estamos haciendo ES SOLO UNA PARTE DE ALGO MUY GRANDE…

– Te escucho

-Nadie lo sabe, pero de noche cuando vos y yo veníamos a tomar algo y demás, pude ver algo entre los árboles, ¿recordas esa noche que estábamos muy borrachos y te dije que iba al baño? Esa noche había mucha gente y no trajimos el celular ni la billetera por si nos robaban.

– Si me acuerdo, te sacaste hasta las zapatillas para ir al baño.

-¡Sí, sí! Esa es la clave de todo esto, bueno entré entre estos árboles para poder ir al baño y me alejé bastante porque como ambos sabemos soy muy pudoroso con ese tema, llegue hasta unos árboles grandes, ¡inmensos! Y mientras meaba sentí como algo comía, ¿viste cuando un perro come carne? Producía ese sonido, más fuerte aún, como comiendo a escondidas, al terminar de mear me acerque a ese ruido sin saber que me iba a encontrar y algo fuerte gritó en una lengua que no conocía, creo que decía algo de aluayac, lo repetía gritando, asustado. En ese momento sentí que se me erizó la piel, y sentí ese frio en la espalda, porque evidentemente no era un perro ni un humano, corrí tan fuerte que me caí en varias partes dejándome moretones en todo el cuerpo, cuando llegue donde estabas, te vi dormido y te di ese golpe que te despertó.

– Si, lo recuerdo

– Bueno el motivo del porque te traje hasta acá es sencillo, quiero que lo busques, lo encuentres y averigües quien es, que es lo que hace en esté parque tan lleno de gente.

-¿Vos queres nuevamente que yo siga otra de tus locuras?

– No es una locura, ¡lo vi! Por favor hacelo…

– No te creo, porque jamás creo algo de vos, pero no me queda otra. Para resumir todo esto, ¿vos queres que me escurra a las 2 de la mañana sin billetera, sin zapatillas y sin celular a este parque buscando algo que quizás no existe?

– No te olvides que tenes que estar tomado, hay que recrear estos mismos pasos para poder encontrarlo de nuevo,

-¡Ah! ¡Bien! Me quedo más tranquilo entonces. Realmente no creo que pueda, pero vamos a intentarlo.

-Buenísimo, ¿está noche lo hacemos, si?
– Está bien.

Sabía que no era lo mejor, que era una locura, pero realmente no hay nada que perder. Llegada la noche nos fuimos en el auto nuevamente al parque, me dejo cerca del círculo policial y me dijo

– Yo me quedo acá, anda vos que es más seguro…

Solo pude mirarlo, me había bajado 3 botellas de cerveza y un vaso entero de fernet puro para acelerar las cosas. Bajé confuso y solo pude escuchar algo que me dijo “todo esto es solo parte de algo más grande”, lo dijo seguro, confiado en el mismo, raro, ya que nunca confíe en él y está siempre pensando. Crucé la calle en silencio, agachado, como un fugitivo, fui directo al parque, escondiéndome entre los árboles, me creía un ninja, tenía mucha adrenalina, no sentía las espinas en los pies ni esas piedritas puntiagudas que te cortan sin previo aviso, caminé hasta llegar a la marca que habíamos dejado en el camino. No podía creer como había logrado que yo me metiera en esto. Siempre lo hacía. Me revise por completo, no cargaba ningún aparato, ni zapatillas, ni mi billetera, decidí dejar la remera como aviso de que había alguien que decidió meterse entre estos árboles oscuros. Di mi primer paso sin saber que me esperaba del otro lado…

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