La Degustación Anual o cómo ser un «mendocino tipo» para no caer en desgracia

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Con la genial participante de las notas más tranquilas que se puedan leer en este espacio, Bibis Snm nos decidimos a hacer una nota dedicada a un evento que refleja la sociedad mendocina, la famosa Degustación Anual de conocida bodega. Acá las conclusiones:

Prólogo
Antes que nada, para el próximo año, a los que quieran ir, les recomendamos llegar temprano para poder apreciar con tiempo las caras deformes de los sujetos que arriban con una clara leyenda en la frente de “hoy la pongo” y así poder analizar la veracidad de esta nota. Vale aclarar que al revés que los Pitbull, los cuales tienen un craneo chico para el cerebro que portan, los susodichos tienen la cavidad craneana demasiado grande comparada con la minúscula masa encefálica que portan.

Charlas
De las interesantes charlas que ofrecen, no asiste casi nadie ¿por qué? Ah claro, porque todos los que van ya saben de vinos, pueden detectar la región de origen de un Cabernet Sauvignon, incluyendo el mes y año en que fueron cosechadas las uvas y hasta lo que hablaban los cosechadores entre ellos en ese momento. O porque no vaya a ser que justo cuando estuviera saliendo lo viera alguien conocido y pensara “Loco, qué hace el Víctor ahí, patéticou que no sepa de vinos.” O sea, eruditos del tetra camuflados en cara de catadores de vinos complejos. A estos seguramente los podés agarrar un día cualquiera de semana en la vinería del barrio llevando una damajuana de malbec de cuarenta mangos.

Espumantes
Uno puede disfrutar de la carpa de espumantes bien temprano, porque a partir de las doce se empieza a convertir en un Cariló de día, empiezan a caer los pubertos entrados en años de 25 para abajo que te encontraste en el boliche la noche anterior, a los cuales el dormir un par de horas les puede haber servido para descansar, pero nunca vayan a creer que les sirvió para darse cuenta de lo pelotudos que son al seguir con las actitudes cancheras tratándose de levantar a las “proyecto de modelos” que les sirven, las cuales estas últimas, que seguramente también las pudiste haber cruzado en el boliche, cambian el chip de esa noche de “ser frígida, poner cara de oler mierda y hacerme la estrella sin darle bola a nadie” por el chip de “festejarle a los boludos todo lo que me dicen, hacerles sonrisitas y hacerlos sentir como los machos mendocinos que creen que son por más que tengan un pito de cinco centímetros y no duren más de dos minutos, porque además no entiendo lo que me dicen a partir de la segunda oración, y no porque hablen como Aristóteles o Platón, sino porque lamentablemente mi capacidad de razonamiento es más chica que su miembro viril en su estado más álgido.”

Como es una carpa boliche, con la única diferencia de que es un boliche de día (con el ambiente, la música, la gente pelotuda en su máximo esplendor), también vas a encontrar a los típicos pendeviejos de siempre «los vergaman de baldosa encerada y zapato acharolado de galería céntrica», teniendo en la mirada la líbido que ya no pueden tener en la cama, a la hora de impresionar a las señoritas con palabras copadas como “Este elixir sacado de castas bayas es balsámico, propio de los chambres, llegando casi a uno de raza” describiendo del mismo aromas que nunca vas a sentir en tu puta vida por más olfato universal que tengas como por ejemplo “frutos tropicales del mar negro” “café nepalés” o “menta granizada de Grido combinado con lomo de cerdo a la pimienta dela Marchigiana”. Los pendejos que van por ese camino, encantados de la vida al escucharlo, se sienten discípulos ante un maestro de academia del arte de ser un aneuronado existencialmente vacío.

No todo es bonito para estos especimenes, también tienen sus quejas… ¿Porque los espumantes no estaban a la temperatura deseada? ¿O porque las amables boluditas carilindas con aspiraciones a modelito que les servían no sabían la puta diferencia entre un brut y un extra brut? ¡No señores!, las quejas más escuchadas eran: “Las minas del año pasado estaban más ricas” “Tendrían que poner música más power” “Tendrían que venir ellas a servirnos a nosotros, para no tener que acercarnos a las mesas cada dos por tres”.

Cualquier gil, como nosotros, que no sepa y se acerque para encontrar recomendación para probar un espumante que fuera con características como “uno no tan seco, que fuera ligero, etc”, se encontrará como respuesta un “ay no sé, jijiji”.

Y si no te gusta mucho el espumante “ay no sé, jijiji” (nombre extraño para un producto de una empresa que sabe mucho de marketing), y te acercás a alguna encargada de la degustación que conozcas para decirle “che, como sugerencia nomás, la próxima contraten a gente que sepa para hacer el servicio, no a chicas de una agencia de modelitos” seguramente recibirás como respuesta algo muy cierto: “en todas las otras carpas hay gente capacitada para hacer el servicio, pero esa carpa es especial, por experiencia de años anteriores tenemos que contratar a gente de una agencia de modelos”. Gisela Campos, Sofía Gainza o inclusive Sofía Rez Masud unos porotos al lado de ellas, es más, no las deben haber invitado a dar alguna conferencia porque el tipo de gente que asistía no iba a poder entender pensamientos tan elevados.

Otras carpas
Si se te da la gana de explorar las otras carpas para ver si esto es cierto, les tenemos que decir que el cambio es brutal, no apto para hacerlo así como así, de un momento para el otro. Se recomienda salir a paso lento de los espumantes, para ir dando un paso por vez, de a poco, cuidado, tranquilo, un proceso que no tiene que durar menos de diez minutos, para ir adaptándose a la armonía, a la mucha menor cantidad de gente, a la música audible y buena…

En estos lugares la gente era más pasable, están los que denominamos “caretas con altura”, gestos más moderados, chamuyo más refinado, más informados también, artes de seducción más elaboradas y no sacadas del barrio chino de Belgrano en Buenos Aires.

De vez en cuando puede aparecer un desubicado preguntando “¿Qué vino pega más?”, y seguramente sera correteado por un par de seguridad a los gritos de “Juira, a la carpa de los espumantes, juira pendejo”, pudiéndose reestablecer la armonía en el lugar.

Objetivo
La meta del pseudo catador del evento es «amortizar» los 100 mangos de la entrada, no importa la calidad ni ningún otro carácter del vino, lo importante es salir curado y hacerse el pistola con cuanta mina pase por al lado.

Material incluido con la entrada
Las copas que brinda el establecimiento se ven exorbitantes en las manitos de un 60% de los asistentes, quienes claramente deberían tomar de un vaso plástico y no se darían cuenta.

Epílogo (conclusiones varias)
-El evento en sí está genial, lo único malo y para mejorar es que va gente y mucha.

-El 90% de los que van no tienen ni la más puta idea de vinos.
-El 10% restante tampoco, pero van para aprender.
-La carpa de espumantes es Cariló.
-Las modelitos sirven solo para ser modelitos. Y para decir «ay no sé, jiii». Y si no hay modelitos la hinchada se vuelve loca y hay que llamar a los antidisturbios.
-Adriana Varela es de esos minones como pocos quedan.

Agradecimiento final
Como ya se está haciendo costumbre en el staff, porque con la crisis creativa que tenemos (desde que empezó El Mendolotudo) como que necesitamos ayuda externa, se agradece otra colaboración genial de Bibis Snm. ¡Vuelve pronto amiguis!

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