Luna lunera

Se han escrito infinidad de páginas sobre la Luna. Desde las leyendas a las poesías, desde las lunas hechas de queso de los cuentos infantiles hasta las teorías conspirativas que dicen que el hombre nunca puso un pie sobre ella. Lo que quiero comentarles en este artículo es la importancia que tiene la Luna para que la vida en la Tierra se haya desarrollado de la forma que lo hizo. Incluso podríamos arriesgar que sin nuestro satélite quizás hoy no estaríamos contando el cuento. 

Comencemos por destacar una de las particularidades que hicieron pensar a los científicos durante mucho tiempo. Si bien la Luna no es el satélite más grande del Sistema Solar, sí está entre los más grandes y es claramente el más grande comparado con el planeta alrededor del cual gira. Cómo se ve en la figura, solo las lunas de los planetas gigantes se comparan en tamaño. 

Las primeras teorías sobre la existencia de la Luna hablaban de que planeta y satélite se habían formado al mismo tiempo. El problema es que las características de ambos son diferentes, principalmente en cuanto a la composición del centro de la Tierra (un gran núcleo de hierro) que no se repite en el de la Luna (es mucho más pequeño). Además, si ésta fuera la evolución natural de los planetas de tipo terrestre, Marte y Venus deberían tener lunas parecidas. Se pensó entonces que quizás la Luna fuera una vez un planetoide capturado por la gravedad de nuestro planeta. Con la capacidad de cálculo de las computadoras modernas, se pueden realizar simulaciones que demuestran que esto es casi imposible. Una tercera posibilidad es la de un choque de proporciones entre la Tierra en formación y otro planeta con una tamaño similar al de Marte. Los “escombros” de este choque habrían dado lugar a la formación de la Luna. Existen varios indicios que sustentan la posibilidad de grandes choques durante la formación del Sistema Solar: Venus rota sobre su eje al revés que el resto de los planetas, Marte muestra el rastro de un gran choque en su polo norte y Urano va como rodando en su orbita porque su eje de rotación está inclinado casi 90 grados. Los invito a ver un video donde se simula la formación de la Luna. 

Como sea que nuestro satélite haya llegado a donde hoy está, lo cierto es que influye de forma muy importante en nuestro planeta. Su gravedad atrae las enormes masas de agua de los océanos terrestres, produciendo las mareas, pero también frenando la rotación de la Tierra. Si la Luna no existiera nuestro día tendría solamente 8 horas. La duración del día ha ido cambiando a lo largo del tiempo. El análisis de restos fósiles de coral nos permite saber que hace 400 millones de años el día duraba 22 horas. El efecto de frenado hace que a la vez nuestro satélite se aleje de a poco de la Tierra. La misión Apollo XII instaló unos espejos sobre su superficie que permiten medir con precisión la distancia utilizando un láser. Se sabe así que la Luna se aleja unos 5 cm por año. ¿Se alejará hasta perderse en el espacio, como en la serie Cosmos 1999? En realidad no. Como se trata de un juego entre la distancia con la Tierra y la velocidad de rotación, se llegará a un equilibrio cuando el día dure 47 horas (¡ahí sí que me va a alcanzar el día para todo!). Está claro que con un día 3 veces más corto todos los ciclos biológicos se alterarían y la evolución de la vida terrestre hubiera sido muy diferente. 

Nuestro planeta gira sobre sí mismo y el eje de rotación tiene una inclinación de 23 grados. Esta inclinación tiene consecuencias sobre la cantidad de luz que recibe del Sol cada parte del planeta. De hecho es el responsable de las 4 estaciones que atravesamos durante un año. 

De acuerdo a la cantidad  de horas de luz directa que recibe cada hemisferio a medida que la Tierra se traslada alrededor del Sol, se suceden las estaciones. ¿Que pasaría si la inclinación del eje terrestre cambiara? Evidentemente tendría un efecto sobre el clima, ya que los períodos de tiempo entre las estaciones cálidas y frías serían cambiantes, más cortos o más largos. Se puede calcular que la presencia de la Luna y su tamaño relativo tienen como efecto estabilizar la inclinación del eje terrestre, impidiendo grandes variaciones. Esta estabilidad favorece el desarrollo y la evolución de los organismos biológicos que hoy pueblan nuestro planeta. La influencia de los cambios en la orientación del eje de rotación sobre el clima se pueden observar en Marte, que no tiene una luna tan grande. 

Si la Luna nació en un terrible choque cuando la Tierra todavía estaba enfriándose, podríamos decir que la vida tal como la conocemos fue el resultado de este evento casual. Quizás la vida se hubiera desarrollado de todas maneras, pero quien sabe con cuantos dedos estaría escribiendo yo esta nota y de que tema estaría hablando, a falta de una Luna inspiradora.

 

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