¿Mendoza es una provincia «careta»?

Vivimos en una de las provincias más lindas del país, de eso no hay dudas, de gente tranquila y cálida, que siempre te va a dar una mano si lo necesitas. Pero en ciertas cosas creó que somos unos caretas. Y antes que me puteen sin razón, voy a explicar claramente el porque de esto.

Voy a empezar dando la definición de lo que, para mi, significa ser un careta:

Careta, es quien cambia según el entorno para aparentar o caer bien a todos, siguiendo las modas no porque le guste, sino porque todos lo hacen. Carente de personalidad y amante de lo comercial.

Dicho esto, voy a comenzar con un ejemplo reciente, que fue la apertura de un gran hipermercado en la zona de la cuarta sección, el cual atrajo a miles de mendocinos en su inauguración causando cuadras de cola para ingresar y estacionamientos colapsados. La pregunta que surge es: por que? Porque al mendocino le encanta pertenecer a esa «elite» de choto-consumistas que fueron a comprar a Coto, y luego alardear en reuniones o mostrar fotos al mundillo de facebook que a nadie le interesan. Hay miles de hiper en Mendoza, pero nos amontonamos todos el mismo día para poder decirle al mundo que fuimos.


Otra cuestión que nos define como caretas, es la valoración que hacemos hacia el arte «de afuera» y como denigramos a nuestros artistas locales. Pagamos fortunas por ver a Arjona o Chayanne, pero no podemos pagar 50 pesos por ver a grandes músicos que hay en nuestra provincia, porque «lo de afuera es mejor». No apoyamos el teatro mendocino, de altísima calidad, pero nos meamos de risa viendo todos los años las mismas obras de teatro de Emilio Disi y Listorti y su rejunte de gatos veraniegos, sólo porque es más genial decir que viste algo de Buenos Aires.

Las radios que más pegan en la provincia son las que ponen música de moda, no las de música de género, porque ni personalidad tenemos para elegir música, somos fanáticos de los músicos que justo vienen a tocar acá, y a la semana nos aburre de nuevo, pero obvio que decir que fuiste al recital del tipo de moda es ser más » cool» que los demas.

Ni hablar si sos joven y querés ir a bailar, tus posibilidades se reducen a un sólo lugar, por que todos vamos al boliche de moda, que te cobra precios exorbitantes por entrar, por el alcohol, por estacionar en la calle, y como somos tan caretas, pagamos ese precio sin dudarlo, porque las modas son el elixir del mendocino. Amamos estar todos apretados en el mismo lugar, sin poder respirar, y estar dos horas para sacar un trago, pero somos felices perteneciendo al grupo de los que fueron.

No damos lugar a la competencia ni a la variedad de gustos y personalidades. Agotamos un lugar y cuando aburre, vamos todos corriendo al siguiente, no vaya a ser cosa que nos qedemos afuera de la onda. Y los únicos beneficiados son los empresarios, dueños de varios boliches, que van abriendo y cerrando según la moda para llenarse de plata todo el año.


Algo que abunda en las redes sociales es el mendocino oportunista. Muere algún músico/político/ideólogo/escritor y una horda de analfabetos sale a compartir sus frases o canciones, sin importar que cuando este personaje estaba en vida, habían ignorado por completo su obra y hasta desconocían su nombre o pensaban que era el 9 de la selección. Ni hablar cuando se pone de moda algún escritor: nos encanta poner frases de Antoine de Saint-Exupery o Cortazar, sin haber tenido el placer de agarrar un libro de estos grandes de la literatura, pero siempre queda bien ponerlo en facebook, y más en una foto donde mostramos los pechos o tenemos un vaso de fernet en la mano.

Y voy a finalizar mi exposición con la moda. Basta ir a cualquier lugar para ver a ambos sexos vestidos en serie como salidos de una fábrica propia de la revolución industrial. A simple vista ves grupos de mujeres vestidas exactamente igual, ni siquiera en una gama de colores distinta. Un ejemplo más de como las modas nos absorben la personalidad y a la vez nos encanta parecernos a los otros, porque ser distinto para un mendocino, es estar fuera, es dejar de pertenecer. Hasta la próxima.

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