Meteoritos, meteoritos everywhere

Periódicamente escuchamos o leemos sobre la caída de un meteorito en alguna parte del mundo. El fenómeno puede ser más o menos impresionante, dependiendo del tamaño del objeto que se precipita hacia la Tierra.

El Sistema Solar se formó a partir de una nube de gas y polvo. La mayor parte de este material (el 99%) era hidrógeno y es lo que hoy forma el Sol y los planetas gaseosos. Los planetas rocosos, como la Tierra, están formados por el sobrante de material pesado en esa nube, principalmente hierro, que se fue acumulando para formar objetos cada vez más grandes como nuestro planeta. Este proceso se conoce con el nombre de «acreción» y en realidad aún sigue su curso. Todavía existen pedazos de roca más o menos grandes entre los planetas, distribuídos por todo el sistema (aunque el más conocido sea el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter).

El hecho de que aún estemos en las últimas etapas del proceso de acreción implica que cada tanto algún asteroide cae en la Tierra. No siempre se trata de una catástrofe de proporciones planetarias como la que produjo el que llevó a la extinción de los dinosaurios, ni siquiera todos los asteroides son noticia en los medios.  Simplemente por una cuestión de nombres, se llaman «asteroides» a aquellos que todavía están en alguna órbita alejada de nuestro planeta y «meteoritos» a los que caen hacia él. Son la misma cosa con dos nombres diferentes de acuerdo a la circunstancia.

Los de mayor tamaño pueden impactar en la superficie de nuestro planeta y dejar rastros visibles (cráteres). Los más pequeños no llegan a hacerlo. El rozamiento con la atmósfera los calienta y hace que exploten en el aire, antes de tocar el suelo. Es por eso que rara vez se encuentran restos grandes de meteoritos. Este hecho favorece las teorías falsas de quienes buscan convencernos de que se trata de fenómenos inexplicables: extraterrestres o pruebas de armas tecnológicamente avanzadas. Quieren convencernos diciendo que si no se encuentran rastros del meteorito entonces seguramente se trataba de algo más. No es cierto, la gran mayoría de las veces no quedan trozos más grandes que una moneda.

La explosión siempre viene acompañada, como es de esperar, por un resplandor intenso y por un sonido muy fuerte, que además de escucharse se siente en forma de vibración de todos los objetos que nos rodean y del suelo mismo. También suele observarse una estela en el cielo que marca la trayectoria de la caída (en línea recta) y otra originada en la explosión (en forma de anillos que se van deformando a medida que se expanden en el aire). El color de la luz depende solamente de la composición del meteorito, azul o verde si es metálico o naranja-amarillo si es rocoso.

La caída de meteoritos es más frecuente de lo que pensamos, solo que no siempre los vemos. Si tenemos en cuenta que el 70 % de la superficie de nuestro planeta está cubierta por agua, y que gran parte de la superficie seca no está habitada, nos damos cuenta que no hay nadie que observe la caída de la mayoría de los que llegan a nuestro planeta.

Con respecto a los de mayor tamaño, que pondrían en peligro la vida como la conocemos, existe un programa de la NASA para su seguimiento, con el objetivo de prevenir una posible colisión con la Tierra (http://www.jpl.nasa.gov/asteroidwatch/index.cfm).

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