Minería: el problema más grave

Construyo mi opinión al respecto en base a dos temas personales y fundamentales en mi decisión: desde el año 2007 hasta el año 2011 trabajé gestionándole los recursos humanos a una consultora medio ambiental llamada SQA S.A. La misma estaba abocada a la elaboración de estudios de impacto ambiental para la industria petrolera y minera. Los estudios estaban orientados a la exploración, explotación y saneamiento de áreas mineras y petroleras con incidencia en Mendoza, La Pampa y Neuquén.

En ese cargo me tocó armar equipos de profesionales interdisciplinarios, porque en estos estudios intervienen muchas partes; geólogos, geógrafos, ingenieros agrónomos, licenciados en gestión ambiental, biólogos, etc. Además había que contratar equipos, viáticos, alojamientos, etc. para los estudios de campo que cada informe brindaba. Cada profesional firmaba su trabajo, comprometiendo matrícula y reputación. Ninguno, en esos años, fue tentado o convencido de obrar de una forma oscura o contraria a su espectro profesional.

Por otro lado, considero que el dinero no es fundamental para lograr la felicidad, pero si es un factor muy importante en la vida de una persona, nos genera satisfacciones materiales y tranquilidad. No soy un tipo ambicioso en desmedida, pero, al tener el lado afectivo de la vida bastante resuelto, me gustaría vivir cada vez más cómodo, comprarme lo que me gusta y dedicarle cada vez menos tiempo a conseguir eso, porque básicamente se trata de eso: el tiempo que uno invierte en vivir el estilo de vida que aspira.

La minería es un negocio impresionante desde lo económico, no solo es una industria que genera fortunas, sino que le da trabajo a miles de personas y a cientos de empresas periféricas (justamente como SQA), donde los sueldos y honorarios son bastante cuantiosos. Por otro lado están los avances tecnológicos que la misma genera. No me quiero poner en detallar todos los artefactos que usamos que tienen implícitos procesos mineros para su elaboración porque sería motivo de un libro.

Creo que en un país desarrollado, de primer mundo, con una clase política comprometida, donde realmente se trabaje en pos del bien común, en beneficio de la población, el desarrollo minero aplicado a conciencia, con controles estrictos y compromiso multilateral, es un factor fundamental en el progreso de una región. También está de más copiar y pegar la lista donde hay minería sustentable y donde se conjuga perfectamente con otras industrias, como por ejemplo, el turismo.

Pero, lamentablemente, vivimos en la Argentina. Un país tercermundista donde la clase política carga sobre sus espaldas lo peor de la condición humana. Y no solo ellos son proclives al soborno. Desde los inicios de la legislación al respecto hasta nuestros días, todo tiene doble sentido, doble matiz, dos caras y los «grises» necesarios para poder manipular fácilmente a los legisladores y hacerlos aprobar o vetar una ley.

Creo que la 7722 es una ley excelente, ejemplo mundial, creo que sus modificaciones son necesarias y atinadas, pero descreo profundamente en que su aplicación se hará como se debe, de manera ordenada, comprometida, responsable y pensando en el beneficios de la población, de la provincia y el país.

Sin ir más lejos esta modificación se aprobó porque Alberto Fernández necesitaba el banque en el senado para la aprobación de la ley de solidaridad por parte de la UCR y a cambio de eso el PJ provincial le hizo el aguante con esta ley. Entonces, creo (estoy casi seguro) que va a terminar pasando lo que en otras provincias: enriqueciendo a algunos políticos levantamanos de turno, fomentando la rosca entre ellos para subir o bajar cuadros, haciendo ricos a algunos empresarios inescrupulosos y enemistando a la población, que no sabe fijar un enemigo en concreto.

¿Y cuál es el enemigo en concreto y mi conclusión al respecto? Que la minería es un tema y un problema secundario, que amerita un debate profundo, profesional y racional, alejado de fanatismo y banderas políticas, por una clase política competente, aptitud hoy inexistente entre quienes nos gobiernan, porque el problema primario son ellos, el problema fundamental es la masa ignorante de políticos que elegimos, el problema es su escasa formación, su pandito compromiso, su escueta opinión objetiva, su enorme capacidad para la rosca, el trapicheo, la coima, el tráfico de influencias y favores, la mediocridad, la ambición desmesurada, la necesidad de eternizarse en el poder, el onanismo absoluto y la infinita distancia que tienen respecto a la importancia fundamental de la política, o sea, el pueblo.

Esos senadores inútiles y esas instituciones inútiles, donde se elige a «dedimetro», por una cuestión de militancia y lealtad y no por competencia, son quienes hoy deciden sobre nuestra educación, salud, infraestructura, minería y futuro.

El problema no es la minería… el problema son ellos.

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