Mi pasado, mi presente, mi futuro y yo

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Cada vez que se presenta alguien nuevo en mi vida también se presentan ellos dos, mi pasado y mi presente. Siempre juntos, haga lo que haga van de la mano.  Sinceramente, nunca me molesto demasiado que fueran juntos, siempre se complementaban y eran el motivo perfecto para que yo me quedara en la nada. Es que cuando se juntan me da miedo, demasiado miedo, ese miedo que te paraliza. Igual nunca  encontré a alguien que me llamara la atención como  para plantearme que ellos  debían separarse. Pero el día llegó, ese día que apareciste sabía que tenía que abandonar a alguno de los dos. No fue tan fácil.

Los llamé y les dije que teníamos que hablar seriamente.  Nos sentamos los tres… Había un silencio bastante molesto, hasta que decidí hablar.

– Bueno… los llamé porque uno de los dos tiene que irse, yo no puedo seguir así, no es justo. Creo que al que más le molesto esto fue al pasado. Sabía que iba con más de perderlas, entonces reprocho de una manera casi violenta: ¿estás segura? Mira que puede volver a pasar lo mismo. ¿Vas a soportar pasar por lo mismo?  Me parece que vos no te acordás todo lo que tuviste que pasar-

– Sí, si me acuerdo. Me acuerdo perfectamente-

– ¿Entonces qué? ¿Me vas a echar, vas a dejar que me vaya para volver a ser la misma?-

– Yo creo que sí, ya es hora.

– Sé que es difícil, pero ¡vamos! Vos sabes que vale la pena – exclamó con esperanza el presente.

– ¡Sí! Es la hora…Él… él se lo merece… ¡si, él se lo merece!- exclamé con entusiasmo.

Cuando decidí despedirme de mi pasado, fui a ponerme mi mejor vestido y a esperarte. Pero me quedé ahí, esperándote… es que nunca llegaste. Te entiendo. Esta charla duró lo que duró nuestra  relación.

Y volví a llamar al pasado. Él me esperaba  feliz, y trajo a otros amigos con él, amigos  que yo decidí dejar de lado desde  el primer momento que te vi. Ellos ahí, siempre  esperándome con los brazos abiertos.

La noche fue  la primera en saludarme, hacia  bastante  que no la veía, o no de la forma que sabía hacerlo. Me senté al lado de ella y a los segundos aparecieron los otros dos. El alcohol y el saltar de cama en cama. ¡Ellos tres sí que sabían acompañarme! Pero también apareció alguien más… tu recuerdo. Y si, él fue mi prioridad esa noche. Le pedí que nos sentáramos y ahí empezó todo.

– ¡¿A qué venís?! –  le reclamé con bronca – ¿no ves qué sin vos estoy bien? Me miró con aire de ternura y me dijo:

– ¿Estás segura qué sos esto?, Yo no lo creo-

Y no, no era eso. Pero “eso” había sido la salida para tantas cosas, que ya era costumbre.

– No – respondí casi vencida  – Pero te extraño tanto que no sé qué hacer, si esto fue la salida para tantas cosas… ¿por qué  no  para esto también?-

– Y si tanto me extrañas ¿por qué no me buscas?

– Por qué no puedo, ya lo hice una vez y me ignoraste. Te fuiste sin despedirte. Eso es de cagón. Si me quisieras, como juraste tantas veces, estarías acá, no dejarías que yo estuviese con ellos… ¡ellos me lastiman tanto! No te echo la culpa, yo estoy acá porque  quiero… pero si estuvieras… no estaría acá.

Viene el alcohol y me abraza. Cuando ya no encuentro valor dentro de mí, recurro a él. Vuelvo a mirar a tu recuerdo, tan cayado como vos. Me decías que eras así, pero  que también te gustaba escucharme con mis ideas locas. Y te vuelvo a hablar, a tú recuerdo mejor dicho.

– Perdóname, pero es todo lo que te puedo ofrecer. Un pasado demasiado oscuro, que me persigue  cada tanto. Pero te prometo que si te quedas lo trato de dejar de lado. Y no, no puedo ofrecerte una relación perfecta, pero te prometo que puedo estar al lado tuyo… ¡pase lo que pase! Un silencio atroz me destrozó. Es que no eras vos, era tu recuerdo. Lo miré y le di un beso en la frente, de esos besos que una nunca quiere dar porque  sabe que puede ser el último.

Deje al alcohol, a la noche y a la peor, a saltar  de cama en cama. Es que  como dicen “los besos sin amor, saben todos iguales” y era verdad.  Yo no quiero otros besos, otras manos, otro cuerpo. Si no sos vos, no quiero nada. Qué triste darme cuenta tarde. Creo que la gente se cansa de querer sin sentirse querido, y creo que eso te sucedió (Digo creo porque  vaya una a saber,  quizá hacías tantooo por coger y yo creía que me querías).

En fin, tomé mis cosas y me retiré con orgullo, con la frente bien  alta.  Me senté  en una esquina a fumar  un cigarro, uno tuyo, uno que te olvidaste en mi cartera. Odio el cigarrillo, pero que placer  me causó fumar ese en tu honor… ¡Que placer recordarte!

Me le levanto y los veo a ellos al presente y al señorazo futuro. ¡Lo abracé tan fuerte! Es que hacía tanto que no lo veía venir.

– ¿Y  ahora?- preguntó el futuro.

– Ahora, ahora roguemos que más adelante  nos volvamos  a encontrar…es que quedó tanto por dar.-

– Bueno- dijo medio decepcionado.

– Mientras tanto… ¡bebo, fumo, vivo y amo!- y el presente me sonrió.

Escrito por Brenda para la sección:

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