Muchacha, una vez por año, hacete el papanicolau

En palabras científicas, podemos definir al papanicolau una prueba rápida y sencilla que consiste en tomar células de la superficie del cuello del útero con una espátula especial para examinarlas luego en el microscopio. Permite detectar posibles lesiones para tratarlas y prevenir enfermedades que pueden ser benignas, evitando el riesgo de desarrollar otras más graves, como el cáncer de cuello uterino.  Complementando al Papanicolau existe la colposcopía, que es un método por el que el ginecólogo observa el cuello del útero con un aparato llamado colposcopio, que tiene luz y aumento, con el objeto de observar anormalidades en la superficie del mismo.

Ahora vamos a nuestra realidad, señoras. Es el estudio más hijo de puta del planeta, en la práctica. Sabés que te lo tenés que hacer una vez por año, pero la incomodidad que genera tener que ir a abrirle las gambas al ginecólogo, te hace aplazarlo o dejarlo olvidado en la lista de “asuntos pendientes” donde tenés agendada la depilación definitiva y adelgazar los 10 kilos eternos que tenés de más desde séptimo grado.

Imagínense, si nos da vergüenza o pudor exponer nuestra querida vagina ante algún amante, novio o marido, si va a ser fácil entregársela a un medianamente desconocido con un espéculo en la mano.

Pero, mis queridas amigas, estamos hablando de la parte de nuestro cuerpo capaz de brindarnos el mayor placer de todos si está correctamente estimulada y aun así ni la mitad de nosotras la ha visto directamente con un espejito. Ni siquiera tiene una denominación vulgar linda o agradable. Si el hombre dice que tiene una pija enorme, es el gran ganador. Si vos decís que tenés una concha enorme…bueno, no hace falta que explique.

Vivimos pendientes de ella: De cómo es, cómo se verá, si te creció la champona y es hora de pedir turno a la depiladora, qué olor tiene (por más que te laves mil veces, el olor natural lo tiene, muy a pesar nuestro). Ahora de caer a que la analicen por dentro, bien gracias.

Estamos hablando de una pequeña parte del cuerpo que se nos frunce cuando vemos alguna escena hot, nos tiembla con un par de besos apasionados y es capaz de retorcernos todo el cuerpo en unos segundos. La misma que ha tenido mil denominaciones: Concha, chochi, chumino, la nena, pochola, chomuel para una amiga judía y así podría seguir todo el día.

Lo curioso de todo el asunto es que nos ponemos cremita antiarrugas en la carompa, en el cuerpo, en las piernas la de las várices y celulitis, ¿Y ella? Nuestra querida amiga pasa desapercibida en la mayoría de las veces y una vez al mes fajado que se aguanta mil tirones de cera caliente. O pasadas de prestobarba, que degenerará en pelos horriblemente encarnados. ¿Y por dentro? Muchos electrodos en el orto para que se vea lindo y ahí adentro no sabés qué está pasando. Y eso está mal. Lo sabemos, no somos tontas. Pero siempre está el “No tengo tiempo”, “Se me pasó el turno, voy el mes que viene”, “Tengo que ponerme los óvulos seis días antes, mejor lo hago después” y mil etcéteras más.

Pero tenemos que hacerlo, por nosotras, por nuestra salud sexual y la de los demás. Aunque no sepas de qué dibujarte en el momento en que te colocan el espéculo. Lo único que tenemos que reconocer es que hace varios años que le venís dando un uso exhaustivo sexual, con una o con cien parejas. Casada o no. Acá no se hacen distinciones. El cáncer de cuello de útero no hace distinciones. Las enfermedades de transmisión sexual tampoco. Ninguna está exenta. Por eso como decía la gran Tita Merello “Muchacha, hacete el papanicolau” Hoy es un buen día para pedir el turno ¿No? Y si te ponés muy nerviosa, tal vez te toque un ginecólogo copado como el mío, que al ver que yo sudaba frío por el examen, me dice: “Quédate tranquila, que la tenés divina por dentro y por fuera”


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