Papá

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Son las 3: 40 am, es primero de enero de 2012, estoy acostada en una habitación de hotel, acabo de terminar de ver Mujer Bonita, una preciosidad esta actriz, Julia Roberts. Me doy vuelta, no me puedo dormir la concha de la lora.

Empiezo a pensar en mi papa, todo un hijo de puta. Empiezo a pensar en todo lo que le diría si me dieran los ovarios, empiezo a pensar en toda la mierda que ha metido en mi vida, empiezo a pensar en todas las veces que me decepcionó y en todas las veces que yo le di una segunda oportunidad, hasta que un día mire para atrás y me di cuenta de que no era la segunda oportunidad que le daba, era la vigésima, que boluda.

¿Saben cuál es su gran problema? Que no puede hacer o ser dos cosas al mismo tiempo, no puede estar de novio y ser mi papa, puede ser una sola cosa, adivinen cual eligió.

Y no hablamos de plata, para nada, todo un señor en ese tema, colegio privado, viaje de quince, auto a los dieciocho y cada puta cosa que se ocurrió durante mi adolescencia. Nada de límites, todo valía, si quería ponerme en pedo y subirme al techo del casino de Mendoza a bailar “rosa rosa la maravillosa”, estaba bien mientras lo dejara en paz. Me dejaba en su departamento todo el fin de semana y se iba a lo de su novia, me tiraba trescientos pesos sobre la mesa y el número del deliveri estaba pegado en la heladera. A los quince años eso era lo mejor del mundo, te imaginaras, todas mis amigas en ese departamento, sábado a la noche, las que queríamos salíamos y las que no se quedaban garchando con su novio, nos agarrábamos pedos de la puta madre y llegábamos a cualquier hora. Así pasaban el viernes y el sábado, pero cuando llegaba el domingo y era día de familia, taza taza cada uno a su casa, yo me quedaba sola en el departamento, lo llamaba y le pedía que fuéramos a comer, pero bueno nada, no estaba dentro de sus planes.

Cuando se peleaba con la novia sí, todo un padrazo, íbamos a comer al cine a pasear y a cada puta cosa que se te ocurra, ni siquiera me importaba que estuviera todo el tiempo hablándome de su ex, con tal de estar con él lo soportaba feliz.

Llego a ser mi mejor amigo, me contaba todo, a cuantas se garchaba por semana, los temas del laburo, me aconsejaba sobre los tipos y me enseñaba a manejarlos, me contó que nunca amó a mi mama y que le metió los cuernos repetidas veces, igual que a su segunda esposa, me dijo que todos los hombres eran iguales y que el sexo era lo único que querían todos, al principio me espante, pero después decidí que si eso era lo único que ellos querían, también era lo único importante para mí.

También me dijo que mi mama estaba loca, al principio dude de la cordura de mi pobre vieja pero después entendí que para mi papa locas eran todas las mujeres que le decían la verdad, verdad que él no quería escuchar.

Le contaba de mis amoríos, de mis amigas y el pedo que me había agarrado el sábado pasado, en fin, todo.

Pero después se arreglo con la novia y decidió que ya no me necesitaba, que había otra que podía acompañarlo a comprar la ropa, elegirle las corbatas para la semana, hacerle las muestras y acompañarlo al cine.

Lo vi en navidad, solo fui a su departamento por que iba a ir mi hermanito y mi papa le iba a presentar a su novia. Mi hermanito es una de las pocas cosas en mi vida por las que mataría, así que, aunque no estaba dentro de mis planes, fui a su casa para encargarme de que estuviera bien, a salvo de mi papa y de su secuaz.

Esa noche me di cuenta de que me caía mejor la novia de mi papa que mi papa, de que por alguna razón él me odiaba y de que el vino blanco es genial.

En otras ocasiones me hubiera agarrado tal bronca que hubiera llorado durante dos semanas, porque de decirle las cosas ni hablar, pero ahora, metida en la cama y medio en pedo, me pongo a pensar en las cartas que le podría mandar, cuando llego al momento de finalizar la carta, mentalmente obvio, me doy cuenta de que no puedo poner “ Te amo”, no no, tiene que haber un error, intento otra vez, tampoco, la pucha madre, busco la bronca en mi interior, la bronca que le tenía dedicada a él, y me doy cuenta de que ha desaparecido, y aunque sé que me tendría que poner contenta, me pongo triste porque se lo que significa. Me doy cuenta de que esa noche de navidad se rompió algo esencial en mi corazón, algo sumamente importante en nuestra relación desapareció, algo vital e irrecuperable.

Vuelvo a mi interior y busco en mi corazón mis sentimientos hacia mi papa, y me encuentro que donde antes había miedo, bronca, odio, lastima, admiración, culpa, necesidad y sobre todo amor, ahora hay un enorme vacío, una nada profunda como Atlántico y espesa como el dulce de leche. Ya es muy tarde, no hay vuelta atrás, ya me perdió, ya no siento nada, ya no amo a mi papa.

La enormidad de este descubrimiento me deja en shock, siento la imperiosa necesidad de sacarme esto de encima, no puedo retenerlo más, agarro la computadora y escribo, escribo solo para mi, para sacarme este montón de mierda de encima, para caer en la cuenta de que ha pasado lo impensable, y lo más impresionante de todo es que no siento nada, no duele, no alegra, no emociona, no pica, no hace puta cosa, no es ni bueno ni malo, simplemente es, es un hecho tan completamente surrealista que creo que voy a flipar.

Ya no siento absolutamente nada por mi papa, y no hay nada que pueda hacer nadie, incluyéndome, para que eso cambie.

Escrito por Ruluu para la sección:

El año pasado escribíamos:
Porque un mendocino odia Ezeiza

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