Si me amás, ¿me das tu clave de facebook?

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“Si te doy mi contraseña, ¿vos me das la tuya?”…“Ya que nos amamos tanto y nos tenemos tanta confianza y entre nosotros no deben existir secretos, ¿por qué no nos pasamos nuestras claves de correo y contraseñas de facebook?”…“¿Me das tu clave? ¿O a caso tenés algo que ocultar?”

Si tu novio/a o esposo/a te pide los accesos a tus cuentas y redes sociales, vos ¿qué hacés? ¿Se las das porque considerás que es una prueba de amor? ¿O no cedes porque hacés valer tu privacidad?

Hay quienes creen que en una pareja se debe compartir todo, que en el verdadero amor no debería haber secretos, que se tiene que saber absolutamente todo el uno del otro y que de no ser así, piensan que los están traicionando. ¡Pero qué idea tan errónea!

Ni hablar de quienes por el afán de controlar, o querer saber qué lee y qué escribe el otro, qué mensajes recibe, con quién y de qué habla,… son capaces de intrometerse y violentar el espacio personal, íntimo e individual del otro, realizando tareas de espionaje. Y quien se atreve a hacer averiguaciones por su cuenta está cometiendo una falta de respeto al otro y una invasión a la privacidad.

Estas personas que tienen la necesidad de controlar al otro, evidentemente tienen un problema importante, probablemente es gente insegura, celosa, posesiva y se creen con el derecho de saber todo del otro.

A muchos les cuesta entender que el hecho de que no les muestren o no se los haga partícipes de las cosas privadas del otro, no implica tener algo que esconder, o ser deshonestos y desleales, sino que es una cuestión de principios y que simplemente al otro,  no se le da la gana de hacerlo.

Las sospechas o el pensar que algo no anda bien, no son razones valederas que justifiquen un hackeo.

Respetar los espacios personales, contribuye a tener una relación buena, sana y relajada.

Todos tenemos y somos merecedores de nuestra privacidad, ese espacio tan inevitable como necesario que le pertenece a cada persona, un lugar único, íntimo, que es sólo nuestro, es como si fuera un templo sagrado, en el que nos sentimos libres, en el que buscamos nuestro desarrollo personal, donde nos renovamos y nos escuchamos a nosotros mismos, donde encontramos nuestra paz espiritual. Ese espacio en el que depositamos ciertos pensamientos, emociones, ideas, que sólo guardamos para nosotros y preferimos no compartirlo con nadie o hacerlo con quien decidamos.

Hay fantasías que son imposibles de compartir, porque forman parte de nuestra intimidad más absoluta y no siempre es bueno compartirlas, hasta diría que es indeseable hacerlo, porque podría herir susceptibilidades.

Son cosas que corresponden a nuestra vida íntima e individual, no de pareja. Es imposible y poco saludable que el otro sepa absolutamente todo de nosotros.

Puede que se ame mucho a una persona y entregarse casi por completo a ella, pero existe una parte en nuestro corazón y nuestra mente que sólo nos pertenece a nosotros, es nuestro mundo íntimo, ese bello lugar que nadie, pero nadie tiene derecho a irrumpir, a menos que nosotros estemos de acuerdo.

“Al amor hay que dejarlo respirar y no asfixiarlo.”

Escrito por Lore para la sección:

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