Tatuajes, la mejor de las adicciones

Estuve bastante tiempo deliberando si era capaz de escribir, o mejor dicho, saber redactar pero eso lo decidirán ustedes.

Llegué al Mendolotudo por algunas notas que escribieron sobre tatuajes, y con el tiempo me enganche con diversas historias, relatos y bizarreadas. Sin pensarlo hoy empiezo a formar parte de esto que me saca sonrisas cuando todo se ve borroso. Cabe destacar que soy porteña.

De chica los tatuajes me intrigaron. Soy de la generación que nació conectada a la net y mientras mis amigas buscaban en google cosas como “penes gigantes” o “que sabor tiene el semen” yo me pasaba las horas mirando tatuajes.

Llegaron mis 18 y por fin alcancé la libertad de hacer lo que quisiera con mi cuerpo, y eso se resumía a una sola cosa: tatuajes. Acá en Buenos Aires existen infinidades de tatuadores, pero lamentablemente se dividen entre los que hacen cosas espantosas y los que realmente son grosos logrando su fama gracias algún que otro choto famosero que se tatuó con él.

Así fue como caí en un tugurio, un poco para demostrar mi rebeldía y otro por la guita. El primero que me hice creo que demostró la parte de “minitah” que llevo dentro. Me dejé llevar por la moda y me hice la popular cruz.

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No pasó mucho tiempo hasta que decidiera tapármelo con algo más a mi gusto y por supuesto pagando lo que se debe entendiendo que va a durar toda la vida.

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Y eso fue solo el comienzo.

Pasaba horas buscando diseños y tatuajes. En el medio de eso conozco al que creí era el amor de mi vida. ¿Y adivinen qué? No, no me tatué su nombre, pero sí el nombre de la banda para el cuál trabajaba como fotógrafo.

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Esa etapa terminó y nuevamente me di cuenta que había cometido de nuevo un error sobre mi piel. Afortunadamente, Guille (mi tatuador. Siempre es bueno y por demás importante mantener uno para siempre, como el peluquero), hizo maravillas para dejarme con una gran paz interior.

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Actualmente tengo gran parte de mi cuerpo tatuado. En ese trayecto aprendí de mis errores, repitiéndolos. Y creo que todos aquellos que tengan tatuajes, es la más hermosa de las adicciones. Poder estampar tu cuerpo con arte, por más simple o complejo que sea el dibujo, es arte en tu piel que llevarás ppor el resto de tu vida. Y eso, no se compara con nadie.

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Esta nota fue una introducción para que me conocieran. En mis próximas entregas les contaré sobre la historia del tatuajes, tipos grosos de todo el mundo y alguna que otra fotito mía.

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