Testigo

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Antes de volver a sus casas saben que esto tiene que pasar.

Él sentado en un extremo.

Ella cerca de él.

Mantienen distancia…pero la suficiente como para que sus cuerpos se reconozcan.

Él hace tiempo que quiere llegar a ese punto.

Ella espera que él de el primer paso, pues la vida y las mil clases de cómo ser una señorita le habían enseñado a esperar al caballero. El paso del tiempo a ella no le importa. Podía esperar toda la eternidad por ese momento, pero ella no tomaría las riendas.

El esta nervioso; se acomoda el pelo y baja la mirada al suelo constantemente. No entiende bien como tiene que hacerlo. Es su primera vez. Le hablaron de eso, pero es la primera vez que se encuentra en esa posición. Es muy diferente, no le dijeron que el corazón se iba a acelerar de esa forma o que ella iba a estar pendiente de cada movimiento suyo.

Ella suelta una risita de vergüenza. No lo ha admitido…pero también es su primera vez y al igual que él no tiene la menor idea de cómo va a ser.

Él se acerca disimulado pero torpemente.

Ella se acomoda cerca de él. Esta actuando con clase, no se le escapa ningún detalle.

Ella esta esperando.

Él la esta mirando.

Ella esta sintiendo sus latidos.

Él mantiene el silencio.

Ella sabe que el momento ha llegado.

Los ojos cerrados.

El momento pasó. Ambos sonríen. Se ponen de pie y se van por el mismo camino, juntos.

Yo desde el otro banco de la plaza los miro disimuladamente y sonrío.

Hacía mucho que no veía a dos niños enfrentar al primer beso con tanto amor como aquellos dos pequeños.

Acomodo mi campera, el bolso y pongo música en mis oídos. Es mi momento de emprender el viaje de retorno a casa.

Escrito por Diem Carpé para la sección «Cuentos Mendoza»