Tráfico de órganos: ¿una leyenda urbana?

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Quién no ha escuchado alguna vez la aterradora historia sobre un niño que secuestraron y encontraron sin órganos tirado en un baldío… Siempre un vecino de un pariente o un pariente de un vecino. Siempre el miedo latente a que termine uno despanzurrado y sin nada adentro.

Pero ¿qué hay de cierto en el llamado “tráfico de órganos”? ¿Es posible que exista una red que opere con pequeñas heladeritas de viaje y cobre al contado por un riñón o un corazón?

Mi opinión es que no. Y no porque piense que esa gente tiene un límite moral o ético de alguna clase, para nada. Creo que no pueden hacerlo, por los motivos que les contaré a continuación:

Compatibilidad: todos sabemos que no se puede uno poner un órgano de otra persona así porque sí. Nuestras células tienen en su membrana una infinidad de proteínas que sirven para mil cosas diferentes, y varían un poco de persona a persona, simplemente como nuestros genes son lo suficientemente diferentes para darnos una cara y un cuerpo (y proteínas) únicos a cada uno. Entonces: cuando un paciente necesita un riñón, pulmones, médula ósea, etc; se estudia profundamente tanto al donante como al receptor en un montón de esas proteínas (de la superficie celular) para ver si son COMPATIBLES.

Esto es: trasplantarle un órgano no compatible a alguien es como darle una cucharada de veneno: lo más probable es que muera en pocos días. Imagínense, si un paciente trasplantado con un órgano compatible debe tomar inmunosupresores (inhibiendo a sus glóbulos blancos para que no ataquen a ese órgano) de por vida, y aun así, hay veces que el órgano igual es rechazado.

Entonces: a ese niño secuestrado, deberían secuestrarlo dos semanas antes para sacarle sangre y hacerle infinidad de pruebas, y si (sólo sí) el plasma del paciente no reacciona con los glóbulos blancos del niño, ahí sí lo podrían secuestrar. Si no, es una pérdida de tiempo. No conviene.

Complejidad: Para practicar una ablación (o sacar un órgano del cuerpo para ponerlo a otro), es necesario un quirófano de alta complejidad donde reine una esterilidad absoluta, además de la maquinaria para sellar al vacío y conservarlo en frío. El secuestrado debería ser intervenido allí no para preservar la salud del cuerpo que tirarán por ahí, sino para llevarle el órgano en condiciones al paciente/cliente. Otra: el paciente debe estar constantemente en alerta y listo para ser operado, y en cuanto reciba la llamada de que está listo el órgano, volar al hospital (o en este caso, un 2do quirófano ilegal de iguales condiciones).

Infecciones: al posible secuestrado además, deberían hacerle una completa batería de exámenes clínicos y bioquímicos a fin de descartar malformaciones, enfermedades previas (miren si justo secuestran para sacarle un pulmón a alguien que padece fibrosis quística) o está incubando un virus, o alguien con hepatitis B o C, con Chagas, toxoplasmosis, tuberculosis, y mil otras posibilidades.

Por estas y otras razones, creo que sería un negocio poco rentable y muy arriesgado, con bajas probabilidades de éxito y altas chances de matar al comprador. Pero quizá el mundo es un lugar mucho más oscuro del que puedo llegar a especular.

PD: ¿y los niños que aparecen despanzurrados? Me tira más un rito umbanda o magia negra. Qué se yo. Ud, ¿qué opinan?

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