Un estudio científico cataloga los distintos tipos de gente que camina por el Parque General San Martín

Un trabajo interdisciplinario minucioso permitió dar a luz el primer catálogo científico que clasifica detalladamente los distintos tipos de personas que día a día caminan por las cálidas calles (en verano, obvio) de nuestro pulmón provincial que es el tan concurrido Parque General San Martín.

El estudio, coordinado por la Universidad Champagnat extrabrut, hizo tareas de observación desde el 11 de Noviembre hasta el 30 de Diciembre, para evaluar un total de 2021 casos. Las tipologías definidas son las siguientes:

El caminante novato: Se lo detecta fácilmente, por la magnitud de la inversión realizada en sus prendas y calzados, siguiendo al pie de la letra algo leído en la revista Muy Interesante o en la Cosmopolitan. En el caso de los hombres, llevan zapatillas ultralivianas de suela aireada, con un censor que mide calorías consumidas, kilómetros recorridos, nivel de azúcar en la sangre y días remanentes de vida. Lleva pantalón y chomba (nunca remera) impecables, almidonados como si fuera un niño yendo a su primer día de clases. Se siente perfecto, pero los demás lo ven como un reverendo pelotudo.

El caminante experto: Hace todo lo posible por lograr que los demás noten su condición de avezado andador de la avenida del parque. Goza como un cosaco al pasar a los novatos a una velocidad inalcanzable para ellos. Siente que los nuevos lo admiran, temen y respetan. Pero la verdad es que el tranco rápido les da un aspecto de trolangas adictos al pepino que les arruina el marketing.

La atorranta: Especimen femenino que va por la calle principal en más que visible plan de levante. No eligen la ropa en función de la actividad aeróbica, sino de sus cualidades a favor de la provocación. Antes de salir de sus casas, controlan frente al espejo si la calza se les mete suficientemente en el orto, y si al caminar las tetas se mueven lo bastante como para llamar la atención de los automovilistas.

La desesperada: Tipo de mujer que, a diferencia del caso anterior, está urgida por la obtención de resultados inmediatos. También la distingue el hecho de que no espera encontrar en el parque a un experto en el Kamasutra, sino al amor de su vida. Camina 45 minutos, pero empieza a prepararse para la caminata a las 2 de la tarde y sale de su casa a las 7. Si al cabo de una semana no logra que alguien le de bola, cae en un estado depresivo y hace correr el rumor de que el vecino con el que suele cruzarse en las tardes es puto. En ocasiones, mata por envenenamiento a atorrantas, convidándoles Gatorade con gamexane.

El renegado: Está gordo, el colesterol no deja de subirle desde hace 35 años, y la familia está harta de verlo al pedo tirado en el living y mirando los partidos de futbol hasta de la liga taiwanesas. Entonces lo llevan por la fuerza hasta los portones del parque, y lo sueltan ahí como si fuera un autito a cremallera, orientándolo hacia los “números ascendentes”. El tipo camina hacia los caballitos de Marly que esta a un par de cuadras, se mete en un carrito a comer papas fritas en conos de carton y tomar birras, y reaparece una hora y media después en su punto de partida, convertido en módico héroe familiar.

El tramposo: Está casado pero está a punto de levantarse la loba por la que venia tirando anzuelos desde hace un lustro. Ella, a veces ingenuamente, a veces con insidia, lo invita a caminar. El acepta, apostando a que en algún atardecer la pueda llevar al motel El Nuevo Monumental o al Casa Blanca y ponerle broche a la historia. Pero claro, antes hay que caminar. Y por el parque donde pasan 1000 personas por minuto. El tramposo se identifica claramente. Lleva unas gafas oscuras que él mismo se fabricó con dos pantallas LCD de 42 pulgadas cada una, y cada vez que ve venir a un auto que le parece conocido se tapa la cara con las manos. Si ella se da cuenta y le pregunta qué le pasa, él dirá que de paso se va haciendo Reiki facial.

El corrupto: En el parque suelen circular prominentes corruptos conocidos, a los que no se les puede dejar de reconocer su coraje o caradurez. Los putean desde colectivos, remises, autos, bicicletas y barriletes, pero los tipos siguen a paso firme, y con cara de “¡que país de mierda, que no reconoce a los que nos rompemos el culo por él!”. Es verídico, por ejemplo, el caso de un chorro notable, que ahora viaja mucho a Buenos Aires, quien fue puteado casi dos kilómetros por el ciudadano caminante que iba detrás y lo identificó. Corruptolino marchó el trecho sin girarse ni una sola vez, como todo un duque.

El superado: Casi siempre son hombres. Quieren caminar, pero a la vez sienten vergüenza de hacerlo, por sentirse medio imbéciles (y la verdad, convengamos que caminar sin ton ni son, sin seguir a nadie ni querer llegar a parte alguna, es de pelotudos). En conclusión: quedan en el peor lugar de todos, a medio camino de la adhesión total o el rechazo. Por eso, caminan no con ropa deportiva sino vestidos como si estuvieran yendo a tramitar un préstamo en el banco.

Ponen cara de “yo no soy acá uno mas de ustedes, eh, lo mío es otra cosa, otro nivel”. ¡Andáaaaaaaaa!.

El Enigmático: Son el equivalente masculino a la mujer desesperada de la que hablamos antes. En este caso, el tipo va en plan levante. En el fondo se ilusiona encontrar el amor de su vida. Pero de últimas, aceptaría encontrar aunque sea el amor de su semana. Como está hecho mierda de tanto faso, tanta pizza y tanta Quilmes, apuesta todo a dar una imagen de tipo interesante, de una inconmensurable riqueza interior. Caminan despacio, y en cada movimiento intentan que las minas que los cruzan piensen que son la reencarnación de Cortázar. Generalmente logran menos conquistas que La Mole Moli en la Feria del Libro, y terminan rumbeando por la Plaza Independencia con los 10 pesos que se ahorraron de la cerveza a la que nunca pudieron invitar.

Los desubicados: Son gente –hombres y mujeres- que van solamente a caminar. ¡Pero que pedazos de hijos de puta!.

Fuentehttp://www.angaunoticias.com.ar/variete/2083-caminataremake.html

Escrito para la sección “Mendoza Escribe” por Responsable Inscripto

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