Un recuerdo de amor

Pilar despertó como todas las mañanas, a las 7:25 a prepararle un café a su marido José antes que fuera a trabajar. Ella le tuvo preparado su café como todos los días a las 7:35 y esperaba como en sus primeros años de relación un “Gracias amor, estaba riquísimo” y un beso antes de partir para el trabajo. Pero José solo tomo rápido su café y se fue sin decir palabra alguna ni hacer contacto con su esposa.

Luego ella se encargó, como en todas las mañanas, de enviar a sus chicos al colegio. Los dejo en la puerta del establecimiento. Volvió al hogar luego de media jornada laboral, extenuada y agotada. En el poco tiempo que tuvo en su casa cocinó el almuerzo, ese almuerzo que le encantaba a su esposo. Ella quería volver a escuchar ese “Gracias amor, estaba riquísimo” que solía escuchar con frecuencia… pero el tiempo lo fue acallando.

José volvió de su trabajo. La mesa estaba lista esperándolo a la hora que siempre llegaba, ella sabía la hora exacta a la que su marido solía volver. Los capelleties estaban en la mesa calentitos.

Se sentaron juntos pero fue en vano, el silencio prevaleció como todos los días. José solo miraba su plato y el resumen deportivo de su querido Godoy Cruz Antonio Tomba. Terminó de comer y se dirigió hacia la habitación. Pilar se quedó en la mesa comiendo sola como todos los días. A ella los capelleties no le gustaban, pero a su marido le encantaban o solían encantarle y los hacía para complacer al hombre que amaba. Apenados mordiscos llenos de desazón y angustia.

Se dirigió hacia la habitación esperando pasar un tiempo cerca de José. Pero era tarde, él ya había dormido boca abajo. Ella se recostó un rato antes de volver a su trabajo.

En ese rato soñó uno de los tantos días que pasaba en el parque San Martín junto a José, caminando de la mano y viendo el hermoso paisaje junto a deliciosas charlas y el interés de su marido por saber cómo le fue en su día, mientras la miraba a los ojos colmados de amor, como si fuera la primera cita o salida. Como le decía su marido a ella, que esperaba esos ricos capelleties que tanto les gustaban, esos que lograron conquistarlo en la primera cita.

El sonido del despertador la levanto en medio de aquel sueño que parecía tan lindo y lejano a la vez. Miro a un lado de la cama donde se durmió José… pero ya no estaba. Se había ido de vuelta a su trabajo sin un beso de despedida sin siquiera.

Pilar volvió a la oficina esperando volver a ver una rosa en su escritorio, una rosa roja de las que tanto le gustaba y solía mandarle su marido junto a una carta escrita a puño y letra con un “Te amo Pi”. Pero solo había una montaña de papeles y carpetas abultadas esperándola para terminar.

A las 20:15 se tomó una pausa, como tenían acostumbrado en aquella oficina, para beber un té o un café con medialunas. Ella espero en su escritorio un llamado de su José, como solía llamarla hace un tiempo atrás para decirle “te extraño amor” y ella respondía con una voz aniñada y vergonzosa “yo también amor, en un rato nos vemos en casa” y pasaba el resto del tiempo en la oficina con una sonrisa. Pero… como todos los días, mientras sus compañeros comían juntos en la sala de descanso, ella esperó un llamado que nunca llegó.

Arribó a su casa luego de una larga jornada laboral, como todas las noches, antes que su marido. Se dio una ducha rápida, se vistió y peinó bonita para su José. Él llegó sin siquiera mirarla, ni notar el esfuerzo que hizo en poco tiempo para estar linda para él y se fue rápido a ducharse. Mientras ella no desistía de escuchar “algo lindo” de su amor, fue a calentar la comida. La cena estaba lista para su José, su esposo, su amor. Mientras él comía sin emitir palabra alguna, ella le contaba de su día pero era inútil su esfuerzo, apenas la escuchaba mientras veía televisión. Triste y sin consuelo, Pilar se fue a dormir, se sacó aquel vestido, zapatos, aritos, collares que tanto le gustaban a él.

Mientras ella lo esperaba en la cama, con sus últimas esperanzas de recibir algún gesto de cariño o atención siquiera. José se desvistió, se dirigió a su lado de la cama sin hacer contacto visual y se acostó.

Pilar se recostó de lado mirando su mesa de luz, en esa mesa había un cuadro de hace años atrás, una foto de ambos que se sacaron en esas salidas llenas de alegría y amor que frecuentaban hacer al Parque San Martín. Ella se quedó mirando el recuadro unos minutos. José al rato estiro el brazo y toco el botón para apagar la luz. Pilar en ese momento se dió cuenta…

Pilar no estaba enamorada de José. Pilar estaba enamorada del recuerdo que tenía de José.

ETIQUETAS: