Quiero que me diga linda

– ¿Y a vos qué te pasa que tenés esa cara?

– Nada, Mary, boludeces mías – contestó Anita.

– Y contanos, dale – le insistió Gaby.

– Quiero que el Colo me diga linda…

– ¿Y por esa boludez estás así?

– Les dije que eran boludeces…¿para qué preguntan?

– No, pará, no es una boludez, si el que no te diga linda te pone así, es porque para vos es importante – dijo Gaby, como siempre la más comprensiva.

– Pero déjense de joder, ¿saben cuánto hace que el pelado no me dice linda?

– ¿Y qué, no te gustaría que te lo dijera?

– Sí, más vale, pero qué sé yo, ya me acostumbré – dijo con resignación Mary-. No seas boluda, no le des bola, los hombres son así, muy pelotudos.

– No, no son así, algunos serán así. A mí el Seba siempre me dice que estoy linda, y me encanta que me lo diga, me pone contenta, me hace sentir bien, segura. Es lindo saber que le sigo gustando. – Y dirigiéndose a Anita- ¿Y vos le decís lindo al Colo?

– Sí, aunque cada vez menos, por choto. Siempre me preocupo en estar linda para él, y ni bola.

– Sí, la verdad que sos linda, es un pelotudo si no te lo dice.

– Y cuando te coge, ¿no te lo dice?- quiso saber Mary.

– No, que me lo va a decir. Lo único que me dice siempre es: “¡Qué rico culo!”

– ¿Y si lo hacés poner celoso?

– ¿Celoso? ¿Y cómo?

– Claro, cuando salgas con nosotras, te vestís así como más provocativa. A ver qué te dice.

– Está bueno eso, probá.

– No, malísimo, ¿qué quieren que me ponga? Si yo soy de ponerme minis, calzas, cuando salgo, y nunca me dice nada. Cuando salgo con él, lo mismo, me pongo shortcitos, remeras sin corpiño y no le sale de decirme “qué linda estoy”.

– ¿Y si le hacés creer que le has echado el ojo a alguien?

– ¿Les parece?

– ¡Pero sí! A los hombres hay que tenerlos ahí, con una pizca de inseguridad latente. Que sepan que puede venir otro a endulzarnos los oídos y nos pega el sacudón.

– Sí, eso tenés que hacer, Anita, darle celos, y ahí lo voy a querer ver al Colo, ya vas a ver lo zalamero que se te pone.

– No sé,  qué sé yo, pero les juro que a veces me dan ganas de mandarlo a la mierda e irme con el primero que me diga linda, que me guste claro.

– Uy, ahí viene entrando el Rodri.

– ¿Qué Rodri? ¿El del gimnasio?

– Sí, qué lo parió, que rico que está.

– Sí, está re bueno.

– Nos vio, se está acercando…

– Ey, hola, ¿cómo andan?

– ¡Bien! – respondieron las tres al unísono.

– Anita, ¿cómo estás? Hace tiempo que no te veo en el gimnasio. ¡Qué linda estás!

Escrito por: Lore para la sección…

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