Respuesta a «El trono de la vergüenza»

Y entonces así de esta manera desordenada y quizás difícil de leer trataré de contestar a “El trono de la vergüenza”.

Desde una Patricia un poco más cuidadosa con las palabras y respetuosa de los parámetros que no la caracterizan, puedo dar algunos puntos importantes. Sí, estamos luchando día a día por un final a los estigmas que nos condenan históricamente como mujeres, como minoría y como parte de una cultura machista que nos hizo objeto de muchas cosas que por suerte estamos dejando ir.

A veces al entrar a este mundo de rebeldía hermosa, que nos pide a gritos las palabras y las tetas en una marcha, nos vemos cegadas con la necesidad de manifestar el enojo, el nunca más, el basta, la sororidad y se mezclan muchos conceptos que aunque nos duela tenemos que analizar en páginas diferentes, lo digo como activista impulsiva que fui y gracias a lo cual puedo pararme con serenidad a ordenar todos estos temas para verlos desde afuera a cada uno con la importancia que merece, hacerlos más claros y llenos de contenido.

Sería un festival utópico si las reinas hablaran de aborto, de cupo femenino, de igualdad en salarios, pero también es real que es un ámbito NO OBLIGATORIO y quienes participan del mismo siguen eligiendo quedarse en el prototipo de la chica más linda de X o Y departamento. Se confunde para nosotras, compañera, esa dualidad de sentir que es una representación de nuestro género, ahí viene la parte más compleja y el desafío más grande (ese que se aprende todos los días) que es abrazar a la mujer en todo lo que la potencie, apoyarla en las decisiones y dejar de pensar que es solo víctima de una cultura sino dueña de sus propias decisiones.

Apostemos de la mano y llenando de información cada charla a que algún día sí, quienes votan, quienes consumen este gran podio de la Vendimia tengan un panorama más humano y real del significado de “representación” y realmente sea equitativo para toda persona que quiera participar. De esto se desprende una necesidad por la cual hoy intento militar que es eliminar de una vez las categorías referidas a género o sexualidad.

Me permito no coincidir con esto de que el concurso “resalta una belleza hegemónica”, porque en realidad la pregunta es, ¿Cuál es la hegemonía de la belleza? ¿Según los parámetros de quién? Hay que empezar a plantearse que esa supuesta hegemonía de belleza ya no abarca un hecho, ya no es para todos la misma, consumimos realidades que nos han hecho evolucionar en cuestiones de imagen y la relación con la genética podríamos reemplazarla con igualdad de oportunidades, suena mejor y menos agresivo y sí es un debate que me encantaría expandir porque entonces ahí sí encuentro el terror del proceso de selección para este concurso, el defecto de la diferencia, exclusión y marginalidad.

Lo que no termino de entender, y con esto cierro esta pequeña nota que me quitó la ansiedad, es: si estamos buscando no hacer un objeto de la mujer y no “bastardearla” entonces, ¿Por qué dudar de la capacidad de las chicas que eligen estar ahí? ¿Por qué poner en juicio su capacidad diciendo “La capacidad de no sabemos qué”?

Te entiendo, compañera, porque a veces el fervor por encontrarnos es muy grande, se mezclan las emociones, el inconsciente colectivo y la historia. Siempre con el fin de construir, a quien tenemos que observar con mayor atención es a quienes consumen con la exigencia que vos misma planteás: “las queremos lindas pero diversas, bellas pero no encorsetadas, alegres pero no estresadas, sonrientes peor no obligadas, juntas pero solidarias, radiantes pero no uniformadas, ambiciosas pero no sometidas”, sin estar en sus zapatos me agoté de solo leer.

Amen, no amén.