Un sueño estropeado por un timbre

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Había soñado este momento y por fin se me daba, ella era hermosa, o al menos para mí lo era. Antes de salir de casa repasé todos los detalles y todo estaba más que listo. Tomamos algo en la Peatonal y con una sonrisa aceptó seguirla en casa. Nos empezamos a besar apasionadamente, deslicé mi mano debajo de su blusa y de repente, sonó el timbre. Tanto tiempo esperando, repasando cada detalle, cada momento y todo se desploma por un simple timbre. Decidí no hacer mucho caso pero el timbre siguió sonando. Ella ya sin muchas ganas de continuar, se separa y me pide que abra. Yo a medio vestir y con mucha bronca me dirigí hasta la puerta.

El timbre seguía sonando desesperadamente, más vale que fuera una emergencia decía en mi cabeza, tratando de meter el último botón de mi camisa. Atendí el portero y baje desesperado, esperando que no fuera verdad y que aquel deseo de emergencia nunca hubiera existido. El ascensor no respondía y baje por las escaleras casi a los tropezones y sin zapatos. Abrí la puerta y mi hermano desesperado, parado en la puerta casi a los gritos me dice, subí que te llevo.

Casi llegando al hospital seguía pensando, no podía sacar de mi cabeza ese pensamiento, y a esa chica, esperándome sin entender que pasa y yo camino a un hospital sin esperanzas. Al cabo de unos minutos llegamos al hospital, y desesperado pregunte a la enfermera más cercana donde se encontraba la sala de urgencias, la enfermera desesperada me pregunta si yo era Marcos Guirao, sin entender le respondo que sí, ella me tomo del brazo y me llevo casi arrastrándome.

El doctor esperaba en la puerta de la sala, y yo desesperado pregunte por ella, a lo que respondió, logramos salvar a Catalina, pero lamento decirle que no logramos salvar el embarazo. No podía ser cierto, no lograba entenderlo, como quitarme a esa personita tan esperada, que dios permitiría eso, como puede ser que la pierda sin antes verle sus ojos, sus manitos. Y con los ojos llenos de lágrimas abrace a mi hermano, llorando por ella, por mí, y por la bronca de aquel entupido comentario. Cuando logre ver a Catalina largue a llorar otra vez, la abrace, le pedí todo el perdón del mundo, y aunque esa hija hubiera sido lo único que nos unía horas atrás, logre entender en verdad con que mujer tendría que haber estado esa noche.

Por: Dario De La Fontaine

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